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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
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En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos, y acudió tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco. Los escribas que habían venido de Jerusalén, decían acerca de Jesús: “Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera”. Jesús llamó entonces a los escribas y les dijo en parábolas: “¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos, no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno”. Jesús dijo esto, porque lo acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo. Llegaron entonces su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: “Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan”. Él les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. (Mc 3, 20-35)

El que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón
Mons. Salvador Martínez Ávila

Meditación
La narración del Evangelio de san Marcos nos presenta al menos dos temas: el del Espíritu que anima a Jesús, y el de sus verdaderos parientes. Tomemos el primero de ellos para nuestro ejercicio de lectio. Jesús, al expulsar a los demonios, pone de manifiesto una confrontación de poderes, el de Dios y el de Satanás. Las autoridades venidas de Jerusalén decían que expulsaba a los demonios por el poder del “Príncipe de los demonios”. Lo primero que podemos detenernos a meditar es: ¿Qué lógica seguían estos personajes para afirmar tal cosa? ¿Qué era lo que realmente buscaban?... (momento de reflexión interior) Tal vez desde fuera nos parezca, como lo expresó Jesús, poco lógico pensar que Satanás estuviera dividido contra sí mismo y que, entonces, la forma de retorcer la interpretación de los exorcismos practicados por Jesús más bien obedecía a la pretensión de desacreditarlo. Esto refleja una gran antipatía por la obra del Señor, pero ¿por qué le tenían tanta aversión?... (silencio interior) En otros pasajes se dice que Jesús hablaba con autoridad y no como los escribas y fariseos. La pérdida de autoridad y credibilidad no parece haber sido algo menor en aquella época, por tanto, el surgimiento de un profeta poderoso en obras y palabras, como Jesús, contaría con la desaprobación de las “autoridades” desacreditadas. Ahora hagamos un ejercicio de apropiación preguntándonos: ¿Cuántas ocasiones yo mismo me he visto amenazado por las cualidades de otros y me he opuesto a ellos de forma visceral más que lógica?... (reflexión y examen personal) Como conclusión de aquella actitud indebida, Jesús habla de la blasfemia contra el Espíritu Santo, pero aquí surge una nueva pregunta: ¿Por qué no se perdonará la blasfemia contra Éste?... (silencio interior) Tal vez la gravedad de este pecado radique en que teniendo delante de los ojos una obra buena: como la expulsión de un demonio, como la curación de un enfermo, etc… yo afirme que eso está inspirado por el maligno. Esto implica una perversión radical de mis facultades de conocer, de interpretar la realidad y la presencia de Dios. Yo mismo cerraría, ante lo evidente, la posibilidad de que el mismo Espíritu Santo obre en mí la reconciliación con Dios.

Contemplación
Para este segundo momento propongo un trabajo interior de purificación de las intenciones. Si yo hubiera alguna vez cometido el error de ir en contra de lo que evidentemente es bueno o he malinterpretado la obra de Dios, podemos probar a repetir este tipo de oraciones breves: “Señor concédeme reconocer el bien más allá de quien lo haga”; “Señor, no permitas que peque contra la obra de tu Espíritu”; “Señor, aunque me sienta mal o amenazado por el bien que hacen otros, no permitas que me cierre a la acción de tu Espíritu”. Una de estas frases o parecidas podemos repetirla pausadamente, dejando que nuestra mente y corazón sintonicen con ellas.

Oración
Al considerar, Señor, en este domingo cómo algunos pervirtieron su corazón y no aceptaron que en Ti obraba el Espíritu de Dios, me pongo a considerar que en no pocas ocasiones a lo largo de la vida me veré tentado a malinterpretar tu acción y tu poder. Sin embargo, veo el grave peligro de dejarme llevar por las emociones, por eso, Señor, fuente de toda vida, de todo bien y de toda autoridad, renueva mi corazón, refuérzalo para que no tema afrontar la verdad y venza con humildad las asechanzas de la soberbia, rindiéndome ante el testimonio de la obra realizada por tu Espíritu. Amén.

Propuestas de compromiso
La mejor forma de prevenir uno de estos pecados imperdonables es saber vivir y ejercer los dones que el Señor nos ha dado. Por ello, dentro del ámbito de nuestras responsabilidades espirituales será importante ser más responsables y productivos de tal manera que no nos veamos tentados de faltar contra el Espíritu.

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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