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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Para dar fruto abundante
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Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, Él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto. Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”. (Jn 15, 1-8)

Para dar fruto abundante
Mons. Salvador Martínez Ávila

Reflexión
Después de haber leído por varias ocasiones el discurso parabólico de Jesús sobre la vid y los sarmientos, podemos plantearnos la pregunta: ¿Por qué Jesús se llama a sí mismo la vid verdadera?... (espacio de silencio interior) una primera respuesta que me viene a la mente es que Jesús se refiere a que Él mismo es verdaderamente como la vid a la que hay que estar unidos porque en los versículos siguientes eso nos da a entender: “sigan unidos a mí como yo sigo unido a ustedes…” (v. 4) “yo soy la vid, ustedes los sarmientos…” Otra idea que podemos también concebir es cómo Jesús se aplica a sí mismo ser “verdadero…” yo soy el verdadero pan que baja del cielo (cfr. Jn 6,32-35). Y también se dice de Jesús que es la verdadera luz que ilumina a este mundo (Jn 1,9), y en la primera carta de san Juan se dice que conozcamos al verdadero, y estemos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Con esto vemos que Jesús usa la palabra “verdadero” para reafirmar su integridad muy superior a otras realidades comparables a Él. Por ejemplo, el maná fue pan bajado del cielo, pero el verdadero Pan es Jesucristo. La verdadera vid, entonces, es la verdadera fuente de vida y de fructificación, el autor del verdadero pueblo, pues en el Antiguo Testamento también al pueblo se le comparaba con una vid o un viñedo. Pero llegado a este punto también puedo preguntarme: ¿Qué tan consistente es mi unión, mi vinculación a esta verdadera vid?... (espacio de silencio interior) Siento una primera idea de hacer un examen de conciencia, pero creo que la vinculación a Jesús no es sólo cuestión de moralidad, sino también de preguntarme, qué tanto lo trato, qué tanto lo conozco y procuro la amistado con Él. En este punto seguramente cada quien podrá dar su propia respuesta. Para concluir esta parte, me interesa detenerme en el hecho de que el Padre poda las ramas para que den más fruto y le alegría del Padre es que demos mucho fruto y este fruto permanezca. Puedo detenerme a pensar que la voluntad de Dios es que mi vida sea fecunda, profunda y verdaderamente fecunda… (espacio de silencio interior).

Contemplación
Para este momento de nuestro ejercicio espiritual les propongo repetir interiormente alguna de estas frases dichas por Jesús en este discurso: “el que permanece unido a mí y yo unido a él, produce mucho fruto”, “sin mí no pueden hacer ustedes nada”, “si permanecen unidos a mí, pidan lo que quieran y se les concederá”. El ejercicio puede iniciar con una frase repetida lentamente, pausadamente por varios minutos sin pretender reflexionar, sólo repetir. Posteriormente, sin salir del ánimo de quietud, podemos hacer pequeñas variantes a la frase, por ejemplo: “sin ti, Señor, no puedo nada”; “sólo contigo lo podremos todo”, “la fuente del verdadero poder que fructifica eres Tú, Señor”, etc…

Oración
Señor Jesús, en esta tercera parte del tiempo de Pascua en que nos llevas a considerar la importancia de que seas nuestro buen pastor y vid verdadera, quiero aceptar, con todo el corazón, que tu propuesta de liderazgo no es la de un jefe, o un general del ejército, ni siquiera es parecida a la de los reyes de la tierra que ofrecen botines materiales efímeros. La unión contigo es algo esencial, esta unión no es algo momentáneo, no es mientras yo te sea de provecho o tú me seas de provecho, sino una unión amorosa donde yo recibo la verdadera vida y la capacidad de fructificar de Ti. Esto, lo entiendo, no es fácil, me he contentado muchas veces con una relación funcional: “si te necesito, te llamo”, o una relación jurídica: “¿Qué me mandaste? ¿En qué te he fallado? ¿Qué debo hacer para que no me castigues?”, pero Tú nos sorprendes con el horizonte del amor que es el único donde lo que más vale es la permanencia y la pertenencia. ¡Ven Señor Jesús y convierte mi corazón para que te ame de verdad! Amén

Acción
Tal vez sea un buen momento para plantear la gran necesidad que tenemos de orar más seguido y más profundamente dejándonos amar por Él.

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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