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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
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Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea. (Mc 1, 21-28)

Enseñaba como quien tiene autoridad
Mons. Salvador Martínez Ávila

Reflexión
La lectura del Evangelio de este domingo me invita a pensar en el papel que Jesús asumió al participar en la sinagoga. No se comportó sólo como un asistente, sino que asumió una actitud activa. Expulsó al demonio, no solamente del hombre poseído, sino de la misma asamblea orante allí reunida. Quiero detenerme a pensar, ¿de dónde le venía la autoridad a Jesús?... (espacio de silencio interior) El demonio, cuando increpa a Jesús le dice que sabe quién es: “el Santo de Dios”. Tal vez sea esta una primera razón, Jesús es Hijo de Dios el todopoderoso. El diablo, en cambio, es su antagonista, muy inferior en poder y autoridad. Otra posibilidad es que Jesús es el Mesías, por tanto, el ungido con el Espíritu Santo, su llegada viene a terminar con el imperio de los espíritus malignos. Ahora me viene el preguntarme, ¿acaso tengo yo alguna autoridad parecida a la del Nuestro Señor Jesucristo? ¿Cuál podría ser mi actitud ante el maligno, de superioridad o de inferioridad?... (espacio de silencio interior) Después de considerarlo me parece que la respuesta no es sencilla porque el maligno existe y es poderoso. Pero considero que desde el Bautismo he sido ungido con el mismo Espíritu Santo con el que fue ungido el Mesías. También, por el Bautismo, he sido hecho hijo de Dios. Por mí mismo, no podría pensar confrontar al maligno, pero en vista de que soy inhabitado por Dios y soy hijo de Dios, entonces ejerciendo mi fe, más aún la Fe, virtud teologal que Dios me ha entregado, tengo la autoridad para confrontar al maligno y no comportarme como su víctima. “El Señor me ha revestido de poder y dignidad”, esto no es fruto de mis cualidades sino de su amor gratuito, sería muy ingrato si no hiciera valer mi dignidad. A este respecto, vale la pena considerar cuántas veces, como los judíos de Cafarnaúm, me he acostumbrado a que los “endemoniados” convivan conmigo y mis ambientes, y he permanecido indiferente o al menos tolerante. ¿Señor, cómo quisieras que reaccione ante manifestaciones claras de pecado o de dominio del mal?... (espacio de silencio interior)

Contemplación
El Señor Jesús no solamente sabía que tenía poder, éste formaba parte de su experiencia interior y lo ejercía. Asimismo, también nosotros participamos del poder de Dios, pero muchas veces no lo integramos conscientemente. Hagamos un ejercicio de contemplación preguntándonos a nivel emocional ¿Cómo se sentía Jesús ungido y revestido por el poder del Espíritu Santo? Con la ayuda de la imaginación tratemos de sentirnos como Jesús se sentía (espacio de silencio interior). Si no se lograra una identificación emocional, podemos probar repitiendo una pequeña frase: “Señor, me has ungido con tu Espíritu”, repetirla interiormente, sin pensar, solo sintonizarse con ella. 

Oración
Señor Jesús, al considerar este pasaje de la purificación de la Sinagoga, me pongo a considerar que Tú sabías quién eras y actuabas en consecuencia con tu dignidad. Teóricamente sé quién soy, pero no ejerzo la dignidad con que Dios me ha revestido desde el Bautismo. Muchas veces en lugar de actuar como ungido por el Espíritu he preferido quedarme quieto, como una víctima más del poder del maligno en este mundo. Por eso te pido me ayudes a despertar de este sopor entre cómodo y temeroso para dejar actuar al Espíritu y así transformar el ambiente que me rodea. Sé que el mundo que me rodea no es idealmente bueno, pero no quiero seguirme comportando como su víctima. Me acojo a Ti que vives y reinas por los siglos. Amén.

Líneas de compromiso
Una práctica más constante y prolongada de la oración fortalecerá sin duda mi conciencia de ser templo del Espíritu Santo y me llevará a actuar más inspirado por Él.

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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