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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina: Velen y estén preparados
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Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento. Así como un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada. No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo. Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta”. (Mc 13, 33-37). Palabra del Señor. R. Gloria a Ti, Señor Jesús.  

 

 

 

Para una mejor comprensión

El texto del Evangelio de san Marcos que se nos propone para este primer domingo de Adviento, forma parte del discurso escatológico que ocupa todo el Capítulo 13, donde Jesús expone su doctrina sobre los acontecimientos últimos que se sucederán.

Tiene, con este mismo tema, sus textos paralelos en los otros dos evangelios sinópticos, ellos son: Mt 24, 32-44; Lc 21, 29-33. La última parte tan desarrollada en san Mateo, se reduce en san Marcos a cinco versículos. Más es explicable por la forma breve que este Evangelio presenta en general los acontecimientos históricos que se sucedieron, lo cual hace notar que se trata de la fuente escrita más antigua.

En este contexto, el Evangelio de este domingo es una pequeña parábola que habla de la venida del dueño de la casa. Por lo mismo, el “dueño” (“dueño” = “Señor”), viene al encuentro de sus siervos mientras ellos están ocupados a su servicio y en un tiempo que se señala durante la “noche”. Hay un mandato que es el de “vigilar” y viene motivado por Jesús, así: “No sabéis a qué hora será el momento preciso”, es decir, “el día y la hora”, del regreso de su Señor. Estas palabras parecen unir la necesidad de la vigilancia con la ignorancia del tiempo en el cual el Señor vendrá al encuentro de sus siervos. Tal motivación se confirma con la imagen del ladrón, lo imprevisible y lo clandestino. El dueño de la casa motiva a los siervos en la necesidad de una vigilancia continua, ininterrumpida, incansable. Para los siervos que se mantienen despiertos, el Señor no llega inesperadamente porque “lo están esperando”, siempre están atentos para abrirle la puerta mientras llega y toca. Estos siervos, son declarados “bienaventurados”, justamente porque están “despiertos” y “preparados”.

 

Meditación

La palabra “¡Vigilad!” es la clave en el corto pasaje que la Iglesia reserva para la liturgia del primer domingo de Adviento. Ciclo “B” Vigilar, estar atentos, esperar al dueño de la casa que debe regresar, no adormilarse, es esto lo que Jesús pide a todos nosotros. Estos cuatro versículos del evangelio de san Marcos forman parte del discurso escatológico del capítulo trece. Vigilad, pues, ya que no saben cuándo vendrá el Señor de la casa, si tarde, o a media noche, o al canto del gallo, o por la mañana; no sea que venga de repente y os halle dormidos. Y lo que les digo a ustedes, a todos lo digo: velen (Mc 13, 35-37) Por tanto, todo cristiano, todos nosotros debemos vigilar, y estar atentos para que no nos encuentre desprevenidos la llegada del Señor. De aquí se comprende la importancia de la espera vigilante y atenta a los signos de los tiempos que nos ayudan a acoger la venida del “dueño de la casa” (Mc 13, 35).

Podemos ayudarnos de estas preguntas para orientar la meditación y actualización: ¿Qué significado tiene para ti la vigilancia? ¿Estás adormecido? ¿En qué? ¿Vives siempre a la espera del Señor que viene? ¿Es el Adviento una ocasión para ti, que te recuerda el elemento vigilancia en la vida cristiana?

 

Oración

La oración es provocada por la meditación, en actitud  silenciosa y de adoración al Señor y en oración entran en juego el corazón y los sentimientos. Es lo que le decimos al Señor, lo que sale de lo más profundo de nuestro corazón. En voz alta, digamos: una oración espontánea, un Padre nuestro, o bien la oración siguiente:

“Señor, Dios nuestro,  permítenos descubrir la oportunidad de estar despiertos, en vigilantes  y atentos a las necesidades de nuestros hermanos, los pobres, los que sufren la desaparición de un ser querido, los que luchan por la justicia y la paz, como verdaderos hijos tuyos para poder recibirte en la profundidad de nuestra alma en cualquier momento de nuestra vida. Escucha Señor nuestra oración y ten misericordia de nosotros. Te lo pedimos por tu Hijo Jesucristo que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén”.

 

Contemplación-acción

La contemplación es el saber estar vigilantes y adherirnos con el corazón y la mente al Señor, que con su Palabra nos transforma en personas nuevas que cumplen siempre su querer. “Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta”. En este contexto, nos preguntamos: ¿Qué podemos hacer para estar vigilantes en la espera de la venida del Señor? ¿Estamos despiertos, esperando cómo debemos amar a Jesús? ¿Nos mantenemos despiertos cuando vemos algún enfermo solo y olvidado, sin atención médica ni social, o cuando vemos a algún niño cubierto con cartón por no tener con qué cubrirse o no tener un hogar? ¿Qué hacemos cuando vemos injusticias? Hagamos un propósito concreto como fruto de esta lectura orante de la Palabra de Dios.

 

 

 

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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