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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina: “Pero es que no quiero ir...”
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Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?”. Ellos le respondieron: “El segundo”. Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto se han arrepentido ni han creído en él”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. Mt. 21, 28-32

 

“Pero es que no quiero ir...”

P. Óscar Arias Bravo

 

Meditación

En la sección que comenzamos a leer desde el domingo pasado, el evangelista Mateo hablará de algunas parábolas acerca del Reino. Es Jesús, que para hacer entender a sus discípulos esta nueva realidad, utiliza ejemplos comunes, sencillos, de la vida cotidiana, que todos ellos pudieran comprender fácilmente, sobre la maravillosa realidad donde Dios ofrece su salvación a su pueblo.

El domingo pasado nos hablaba de trabajadores que no habían sido contratados para ir a la viña y de otros que esperaban una paga mayor por haber llegado desde el inicio del día. Este Domingo nos presenta a un Padre que manda a sus dos hijos a trabajar en su terreno, su Reino, su viña.

El hijo que en un principio se niega, pero termina por ir, tiene la actitud del pecador arrepentido, aquél que no quiere formar parte de este Reino, pero que acaba entrando casi sin quererlo.

El otro hijo que dice que va a ir, pero no lo hace, representa a todos aquellos para los cuales era obvio que estaba diseñado el plan de salvación, pero no asistieron; que en el tiempo de Jesús, eran los líderes religiosos, quienes se supone que serían los primeros en entrar al Reino, sin embargo, su corazón altanero y su arrogancia no se lo permitieron.

 

Contemplación

El pasado 15 de septiembre, después de la ceremonia del “Grito de Independencia” y de un convivio que hicimos en la parroquia, al estar cerrando las puertas y a punto de irme a descansar, escuché que alguien me gritaba: “Padre”, desde la reja del atrio. Al asomarme para ver lo que sucedía, eran unos feligreses que me pedían ir a trabajar a la viña; perdón, ir a ver a un enfermo. Como el hijo que decía que no quería ir, empecé a darles un montón de razones por las cuales no podía (más bien no quería) ir; que si era ya muy tarde; que por qué se habían esperado hasta ese momento; que si no era mi parroquia; que si ya habían ido con su párroco a solicitarle esto. Al contestar que ya lo habían intentado todo, me quedé con la misma resolución de los hijos que nos narra la parábola de este domingo: “ir o no, a trabajar a la viña”.

Abiertamente molesto por la hora, por la insistencia, porque no me correspondía, etc., etc., al final les dije que sí les acompañaba. Ungí a esta persona, la confesé y terminé de rezar el rosario que estaban finalizando al momento de mi llegada. Aunque mi actitud al inicio fue de fastidio, me di cuenta de lo importante que fue para aquella persona el arreglar cuentas con la vida y sobre todo con Dios, y si bien lo hice de mala gana, también me di cuenta que la gracia de Dios actuó de la misma manera que confieso alegremente en otro horario y en otras circunstancias a la gente de mi parroquia.

 

Oración

Padre Dios, perdónanos por hacer las cosas a veces a regañadientes, perdón por trabajar en ocasiones con disgusto en tu viña; te pedimos que, a pesar de ello, no dejes de derramar tu gracia en cada uno de tus hijos, en los que nos enojamos, pero también en los buenos que se empeñan en hacer tu voluntad y en vivir en gracia. Aunque nos molestemos, por favor, por favor, no dejes nunca de enviarnos a tu Viña, que a jornal de gloria, no hay trabajo que canse.

 

Acción

Esta semana, hagamos algo que no nos caiga muy bien, pero que sabemos, aprovecha para nuestra salvación y la de nuestros hermanos, y al final de lo realizado, humildemente pidámosle a Dios que no deje de darnos trabajo. Amén.

 

 

Escrito y/o Publicado por:

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