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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina : ““Las parábolas del crecimiento” ”
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Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús les propuso otra parábola: “Aquí tienen una figura del Reino de los Cielos. Un hombre sembró buena semilla en su campo, pero mientras la gente estaba durmiendo, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando el trigo creció y empezó a echar espigas, apareció también la cizaña. Entonces los servidores fueron a decirle al patrón: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, viene esa cizaña?” Respondió el patrón: “Eso es obra de un enemigo”. Los obreros le preguntaron: “¿Quieres que arranquemos la cizaña?”. “No, dijo el patrón, pues al quitar la cizaña podrían arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la hora de la cosecha. Entonces diré a los segadores: Corten primero la cizaña, hagan fardos y arrójenlos al fuego. Después cosechen el trigo y guárdenlo en mis bodegas.” Jesús les propuso otra parábola: “Aquí tienen una figura del Reino de los Cielos: el grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo. Jesús les contó otra parábola: “Aquí tienen otra figura del Reino de los Cielos: la levadura que toma una mujer y la introduce en tres medidas de harina. Al final, toda la masa fermenta”. Todo esto lo contó Jesús al pueblo en parábolas. No les decía nada sin usar parábolas. Después Jesús despidió a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de las malas hierbas sembradas en el campo”. Jesús les dijo: “El que siembra la semilla buena es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo. La buena semilla es la gente del Reino. La maleza es la gente del Maligno. El enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. Vean cómo se recoge la maleza y se quema: así sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente. Allí no habrá más que llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que entienda.

 

“Las parábolas del crecimiento”

 

P. Julio César Saucedo

¿Qué dice el texto?

Continuando con la secuencia de las llamadas «parábolas del Reino» (en total siete), este domingo el evangelio nos presenta otras tres conocidas como las «parábolas del crecimiento», a saber, el trigo y la cizaña (1), el granito de mostaza (2) y la levadura (3). Son parábolas caracterizadas por el contraste: los tallos delgados del trigo – y la fuerza impetuosa de la cizaña (1), la semilla casi microscópica de la mostaza – y la inmensidad del árbol en que puede convertirse (2), los pocos granos de levadura – y la masa de harina que ha aumentado. Es interesante apreciar cómo el inicio del trigo, la semilla y la levadura, procede de una manera insignificante pero con una gran capacidad de transformación. Veamos, en sentido general, su contenido:

a. El trigo y la cizaña: la narración de Jesús nace en un contexto cultural caracterizado por una viva espera en el Mesías. En este sentido, el Reino de Dios se comprendía como un acontecimiento decisivo y discriminante como la separación entre los buenos y los malos, los justos y los injustos. Por ejemplo, los fariseos esperaban que a la llegada del Mesías tuviera lugar la aniquilación de los malos, de modo que, el pueblo de Dios quedara compuesto solo por los cumplidores de la Ley. Ciertamente que Jesús anuncia con esta parábola una «separación», no en un presente basado en la desesperación (¿Quieres que vayamos a recogerla?) sino en un presente imbuido en la paciencia. La historia queda, entonces, signada como la posibilidad que Dios deja para el arrepentimiento (1ª Lectura Sab 12,13.16-19) y la conversión, en vista a aquel Juicio definitivo que vendrá.

b. La semilla y la levadura: estas dos imágenes expresan la fuerza extraordinaria que tienen en sí mismas para hacer surgir la vida en lo concreto del alimento. La mostaza apenas un pequeño granito tiene toda la potencialidad no solo para llegar a ser un arbusto, sino un árbol con una altura entre los tres y los cuatros metros. Lo mismo con la levadura que apenas una pequeña pizca permite el aumento de toda masa. Son imágenes que muestran la capacidad transformadora de la fe y de la palabra divina.

 

¿Qué me dice el texto?

Existen dos métodos de siega para separar el trigo y la cizaña: uno que es violento y otro que procede por medio de la paciente selección. El primero, es signo de la impaciencia, propio de la lógica humana; el otro es signo de la paciencia y de la espera, propios del actuar de Dios. El primero genera “fanatismos”, “fundamentalismos” e “intolerancias”, piensa solo en atacar y destruir; mientras que el segundo, que procede de la misericordia y del amor abre el presente al diálogo, la fraternidad y a la conversión. La impaciencia de los “puritanos” pide la muerte; la paciencia divina clama la vida.

 

¿Qué me hace decir el texto?

Señor, con una mirada indulgente nos miras a cada uno, porque buscas nuestra salvación y no la condenación. Ayúdanos a saber acoger tu Palabra para que en tu paciencia seamos de una mentalidad menos “puritana” y más fraterna, menos “cizañosa” y más comprometida con tu amor. Amén.

 

¿Qué me motiva a hacer el texto?

Con las parábolas del crecimiento se pone en evidencia un aspecto: no somos nosotros, en última instancia, quienes creemos en Dios; sino es Dios quien cree en nosotros; pues Él deja ese espacio de libertad para que hagamos lo posible de arrepentirnos y cambiemos nuestro corazón de piedra por uno de carne: ¿Cuál es tu respuesta cotidiana a este amor paciente de Dios? ¿Has hecho oración por quien desea ser tu enemigo o pides su muerte? ¿Cuál es el propósito que tomas de este pasaje evangélico para hacerlo vida cotidianamente? Recuerda y reflexiona: no es la violencia la que rescata el mundo, sino la misericordia y el amor.  

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