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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina: “Soy paciente y humilde de corazón”
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Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús exclamó: “Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer. Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso. Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.” (Mt 11,25-30)

 

 

Reflexión

En la primera parte del texto de este día encontramos una acción de gracias de Jesús al Padre por haber revelado todas estas cosas a los pobres y sencillos. Un poco antes de esta acción de gracias, Jesús se había lamentado por la incredulidad de las personas de Cafarnaum, Betsaida y alrededores. Entonces podemos pensar que esta es una reacción para indicar que los pobres y sencillos, tal vez no plenamente identificados con las poblaciones bien establecidas, han estado más dispuestos a recibir el anuncio de Jesús. A este punto podemos preguntarnos: ¿qué obstáculos pueden presentarse para no aceptar a Jesús?... (momento de reflexión personal).

A lo largo de los evangelios encontramos varias razones para rechazar a Jesús, por ejemplo sus paisanos no lo aceptaban porque conocían a su familia y su origen; los príncipes de los sacerdotes no lo aceptaban como profeta porque era galileo; Jesús acusó a otros de no creer en Él porque preferían sus pecados. Pero ¿cuáles serán las razones actuales para no aceptar a Jesús?... (momento de reflexión personal)

Algunos opinan que ya no es posible creer en Él porque su persona y su mensaje fueron manipulados por sus discípulos o por la Iglesia oficial; otros han abandonado la fe porque la ciencia ha hecho innecesaria la existencia de Dios, todo se puede explicar naturalmente; otros más opinan que la moral que predicamos como discípulos de Jesús no es para el mundo actual, ahora podemos tener mentalidades más “abiertas”. ¿Volvería el Señor a dar gracias al Padre porque oculta estas cosas a los sabios y entendidos?

Tanto en tiempos de Jesús como ahora hay muchas “razones”, pero al parecer la revelación de Dios es cosa de Dios mismo y se revela a los sencillos. La sencillez es una virtud que va de la mano con la pobreza, con la necesidad material y espiritual. Tal vez demasiados bienes, conocimientos y la acumulación de algunos vicios conviertan a las personas en sabios y prudentes según este mundo pero no sabios según Dios.

Ahora podemos hacer un ejercicio de apropiación: el lugar social, en ocasiones, suele influir en la concepción que tenemos de nosotros mismos, pero para quien ha madurado lo suficiente esta es solamente una influencia no una determinación. Yo mismo me puedo catalogar de una persona que busca la sencillez o de alguien sabio y prudente… ¿Habrá algún aspecto de mi persona que dificulte que Dios se me revele?

 

Contemplación

Para esta parte de la lectio podemos detenernos más en la segunda parte del texto. Jesús dice: “vengan a mí todos los que están cansados y agobiados por la carga…”  Así pues, cerrando los ojos y usando mi imaginación puedo ponerme en la presencia y cercanía del Señor. Puedo imaginar cómo avanzo con un bulto o fardo muy pesado, cómo me acerco al Señor y lo deposito ante Él y quedarme allí por largo tiempo… Si llego a perder la concentración puedo reiniciar con la imaginación y volverme a quedar ante Él inmóvil y tranquilo por largo tiempo.

 

Oración

Señor Jesús, has dotado a la humanidad y a cada uno de nosotros de inteligencia para comprender el mundo en que vivimos, para comprendernos a nosotros mismos, los unos a los otros y también dentro de la medida de nuestras posibilidades conocerte a Ti. Concede a mis facultades la sencillez necesaria para aceptar tu revelación, que el conocimiento de lo grande y lo complejo del mundo de ninguna manera me lleven a cerrarme a Ti. Nos has dado la capacidad de decidir nuestros caminos, somos capaces de obrar bien y mal, no permitas que mis costumbres sean obstáculo para descubrirte y aceptarte. A Ti que vives y reinas por los siglos. Amén

 

Compromiso

Cuando los problemas de la vida nos reclaman y no pocas veces nos quitan la paz es el momento de recordar: “vengan a mí los que están cansados y agobiados por la carga…” Recordar esta invitación al menos una vez al día puede ahorrarnos muchas angustias y la tentación de desesperar.

 

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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