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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina : ““Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia””
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Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan, el Bautista; otros, que Elías; otros que Jeremías o alguno de los profetas”. Luego les preguntó: “Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti, que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. (Mt.16,13-19)

 

“Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”

Mons. Armando Colín Cruz *

 

¿Qué dice el texto?

El texto a considerar se encuentra en la última parte de la sección segunda del Evangelio, en donde se hace la invitación a Israel a participar en el anuncio del Reino de los cielos. Anuncio que Jesús hace, mediante obras y palabras. Sección que abarca casi la mitad de Evangelio, los capítulos 4, 17-16, 20.

Este pasaje, con el que se cierra esta segunda parte nos sitúa en un momento importante de la vida de Jesús: el rechazo de su pueblo y el fracaso apartente a su misión. Con todo, sus discípulos por boca de Pedro reconocen que Jesús es el mesías, el Hijo de Dios vivo. Títulos que resumen la fe de Mateo.

Dos imágenes dominan en este texto del Evangelio en la respuesta de Jesús a la confesión de fe de Simón Pedro: la imagen de la roca y la de las llaves. Ambas tienen su origen en el Antiguo Testamento, se retoman en el Nuevo y finalmente, como muestra el Evangelio, se aplican a la comunidad Cristiana. Primero la roca: en los Salmos se designa a Dios constantemente como la roca, es decir, el fundamento sobre el que puede uno apoyarse incondicionalmente: “Solo Él es mi roca y mi salvación” (Sal 62, 3). Y cuando esa palabra se hace hombre y como tal se convierte en salvador del pueblo: “Y la roca era Cristo” (1Cor 10, 4). Jesús entonces hace partícipe de ella a Simón Pedro: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. También la Iglesia participará de esa elección: “El poder del infierno no la derrotará”. En realidad la propiedad de ser roca y fundamento contiene ya la segunda cosa: los plenos poderes, simbolizados en la entrega de las llaves. Estos son los plenos poderes: “Lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá” (Is 22,22). En la Nueva Alianza, es Jesús “el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra, el que cierra y nadie abre” (Ap 3, 7). Es la llave principal de la vida eterna, a la que pertenecen también “las llaves de la muerte y del infierno” (Ap 1,18). Y ahora Cristo hace partícipe a un hombre, a Pedro, sobre el que se edifica su Iglesia, de este poder de las llaves que llega hasta el más allá: lo que él ate o desate en la tierra, quedará atado o desatado en el cielo.

Quiso entonces Jesús empezar a edificar su iglesia sobre la profesión de fe de Pedro, siendo esta, la Piedra indestructible donde se construirá su Reino en la tierra, así declara Jesús que muchos al igual que Pedro creerán que Él es el Hijo del Dios vivo.

 

¿Qué me dice este texto?

Pedro aprendió cómo sus talentos, sus aspiraciones, sus logros no valían nada, si no los ponía a disposición del Maestro. Se dio cuenta de que si prescindía del Maestro, se quedaría sólo y con las redes de su vida vacías. Por ello, la autoridad dada a Pedro denota la misión pura de la Iglesia, la entrada de los hombres al reino de los cielos. Sacar de las tinieblas de la muerte a los que se encuentran en pecado para dirigirlos hacia el Padre celestial. También debemos saber que esta autoridad que se da a Pedro, es la de anunciar a tiempo y a destiempo, corregir lo que está mal y reafirmar lo que está bien. Lo que esté de acuerdo a la doctrina de Jesucristo, será lo que regirá la Iglesia que nace en la Piedra que es Pedro.

Pedro nos enseña que solo si aceptamos que el Señor gobierne nuestras vidas podremos salir delante de todas las tempestades y tormentas de la vida. Dejemos que Dios gobierne nuestra barca, naveguemos siempre con Él, echemos en Su Nombre, las redes de nuestros proyectos.

Por último consideremos que el diálogo entre Jesús y Pedro hay que trasladarlo a la vida de cada uno de nosotros. La pregunta de “¿Quién dices que soy yo?” se dirige a cada cristiano, porque el cristianismo no es un conjunto de doctrinas o de prácticas sino que es una respuesta personal e íntima a Cristo. Es una relación de amistad personal con el Señor.

 

¿Qué le digo yo al Señor?

Señor, quiero ser tu discípulo-misionero, y porque te amo deseo realizar mi misión en la comunidad. Quiero comprometerme a cambiar las actitudes y el comportamiento que no sean conforme a tu Evangelio. Quiero formarme y entregarme a mi misión en la Iglesia, porque no solo quiero reconocerte con mi mente sino abrazar tu verdad con mi vida, palabras y acciones. No sé si Tú estás contento conmigo, pero yo confío en tu misericordia y tu benevolencia… Amén.

 

¿A qué me comprometo?

Este momento nos lleva a contemplar a Jesús, como el Señor que nos llama, quien eligió antes de su pasión a sus discípulos, a quienes llamó apóstoles. Entre ellos solo Pedro ha merecido personificar a toda la Iglesia. En atención a esa personificación de toda la Iglesia que solo él representaba, mereció escuchar: “Te daré las llaves del Reino de los Cielos”. Estas llaves no las recibió un solo hombre, sino toda la Iglesia. Por este motivo se proclama la excelencia de Pedro, porque era figura de la universalidad y unidad de la misma Iglesia. Aprendamos de Pedro a creer firmemente en Jesús y a amarlo con todo nuestro corazón. Una manifestación auténtica de esta fe y amor a Cristo será nuestro compromiso de fidelidad al Magisterio del Papa, sucesor de Pedro, ahora con el S. Padre Francisco. Como la Iglesia transmite una fe viva, han de ser personas vivas las que garanticen la conexión con el origen. La fe se basa en la fidelidad de los testigos que han sido elegidos por el Señor para esa misión.

 

* Obispo Auxiliar de México.

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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