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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio divina: Del monte de la Transfiguración al monte de la desfiguración
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Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escúechenlo.” Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no teman”.  Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: “No comenten a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos” (Mt 17,1-9)

 

 

Del monte de la Transfiguración al monte de la desfiguración

P. Julio César Saucedo

¿Qué me dice el texto?

La narración de la Transfiguración viene presentada con diversos elementos que son indispensables considerar. El primero de ellos corresponde a la descripción «su rostro resplandecía como sol». El sol que es una imagen clásica de la divinidad. El segundo, es la mención de la luz: «y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz». La luz que es símbolo de la presencia de Dios, por tanto, significa bendición, paz, vida. El tercer elemento corresponde a las palabras de Pedro: «Si quieres, levantaré tres tiendas». Por una parte, se pone en evidencia la prioridad a la voluntad de Cristo: «si quieres», subrayando que el discípulo no debe perder nunca la actitud de la obediencia hacia el Señor. Por otra, la mención de las tres tiendas, hace referencia al Éxodo: Dios que camina con su pueblo. Querer realizar la tienda quisiera dar a entender la urgencia de custodiar el encuentro, la presencia y la solicitud de Dios.

Un cuarto aspecto son las palabras del Padre: «Este es mi Hijo amado, escúchenlo»; palabras que revelan y describen la vocación de Jesús y la vocación de los discípulos. En efecto, son una invitación a reconocer en Jesús la realización de las promesas; por eso, la urgencia de «escucharlo», porque es la Palabra preciosa del Padre; delineando así, la vocación del discípulo, su radical dependencia y el estilo de vida. Se trata de una «escucha activa» que no se limita a recoger una información, sino acoger una Persona.

El quinto y último elemento, es la cercanía de Jesús. Mateo nos narra que los discípulos llenos de temor «cayeron con el rostro a tierra». Con el gesto de tocarlos, Jesús les ordena a «levantarse», no solo del miedo ante lo divino, sino de aquello que les impide continuar el camino de descenso para ir hacia el otro monte, el de la “desfiguración”, que acontecerá en el Calvario. El Inocente que será desfigurado para embellecer la figura del pecador.

 

¿Qué me dice el texto?

La escena de la Transfiguración tiene lugar en un «monte elevado». La precisión que nos concede el evangelista no es solo geográfica sino que indica la necesidad de introducirse en las condiciones adecuadas para poder encontrarse con Dios: en la soledad y el silencio, lejos de la agitación y del rumor. La oración es, entonces, un coloquio de amor, en el que guardar silencio es un requisito indispensable para escuchar la Palabra del Padre: «Este es mi Hijo amado». Sin embargo, el discípulo tiene que bajar del monte con el Señor, por eso es necesario «levantarse», «resurgir» de la oración para ir al descenso de la misión: pasar del encuentro con el Señor al encuentro del hermano. De este modo, podemos comprender el dinamismo de nuestra vida cristiana: «Oración, contemplación y misión».

¿Qué me motiva a decir el texto?

Señor Jesús, aquel día sobre el monte, ofreciste a tus discípulos que contemplaran la belleza de tu divinidad para retomar el camino que conduce a Jerusalén, hacia el monte Calvario donde será plantado el árbol de la vida. Te pido con humildad, me ayudes a crecer en la fe, para que en la caridad sepa reconocer tu rostro luminoso en el rostro desfigurado del hermano que sufre en la enfermedad, del inocente que está en la cárcel, en mi prójimo que padece de alguna necesidad. Solo participando de tu belleza transfigurada podremos asistirte en la belleza desfigurada de nuestro prójimo.

¿Qué me motiva a hacer el texto?

El ayuno es una práctica esencial para este tiempo, que no es solo para fortalecer la voluntad sino para generar caridad: «aquello que no consumo, lo comparto». En la semana busca un día en el que ayunes y compartas el alimento; recordando que también existen otros “ayunos” necesarios que debemos llevar a cabo, por ejemplo, “ayunar de la TV o del Internet para compartir un momento de escucha hacia los hijos o hacia los padres”. En el ayuno pregúntate cuáles son los “ayunos cotidianos” que debes de hacer para vivir tu vocación cristiana.

 

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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