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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio divina: En el desierto
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Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. Pero Él le contestó, diciendo: “Está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’”. Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: ‘Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras’”. Jesús le dijo: “También está escrito: ‘No tentarás al Señor, tu Dios’”. Después el diablo lo llevó a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: “Todo esto te daré, si te postras y me adoras”. Entonces le dijo Jesús: “Vete, Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor, tu Dios, adorarás y a Él solo darás culto’”. Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían. (Mt 4,1-11).

 

En el desierto

P. Julián López Amozurrutia

 

Lectura

El Espíritu condujo a Jesús al desierto. La preparación del ministerio del Señor pasa, como la historia de Israel, por un tiempo que favorece la consagración de la carne. Cuarenta días y cuarenta noches en un silencio que afina los instintos e impulsos humanos, para que se establezcan en sintonía con la Palabra de Dios. Tiempo también de un admirable misterio, que ve al Hijo de Dios encarnado conociendo las tentaciones de los hombres, dialogando con el personaje siniestro cuya intervención en los albores de la historia, seduciendo la libertad de los primeros padres con mentiras, introdujo el desorden del pecado. Con su ejemplo, Jesús no sólo muestra la integridad con la que nuestra libertad está llamada a afrontar las embestidas engañosas del mal, sino también el horizonte de fidelidad a la vocación de servicio que se nos ha entregado, que genera la eficacia de la salvación.

 

Meditación

La Cuaresma es el tiempo propicio que nos dispone a las celebraciones pascuales. La Iglesia nos invita a vivirla con seriedad. Es una oportunidad preciosa para romper con las inercias que nos mantienen nerviosos y estresados, alejados de Dios y enfrascados en los ritmos cotidianos. Ir al desierto significa abrirnos al recogimiento, a la oración, a la renuncia de lo superficial, a la generosidad ante quienes a nuestro lado deambulan aguardando sustento. Ahí podemos dar la cara a las desviaciones que tantas veces nos hacen romper con la voluntad de Dios y traicionar nuestra identidad cristiana. Al igual que Jesús, contamos con la Palabra de Dios que nos indica el camino. La austeridad ayuda a que nuestra atención se dirija a lo esencial, y que recuperemos la libertad primordial de los hijos de Dios, la que nos permite adorarlo y servirlo sólo a Él, y encauzar hacia Él todos nuestros afanes.

 

Oración

¡Espíritu Santo, condúceme al desierto con Jesús! Tú que ungiste su carne con el hálito sagrado, y la estableciste firmemente en la fidelidad a la voluntad del Padre, llévame ahí donde el silencio consagra a los hijos y los fortalece en la verdad. Tú que impulsaste la humanidad del Señor a recorrer el itinerario de la libertad, la pedagogía de la humildad y el servicio, la fortaleza del desprendimiento y los valores supremos, orienta también mis pasos para vivir con Cristo un proceso que me purifique, y que acrisole mis ansias bajo tu fuego y tu luz. Que pueda responder, como el Señor, ante las insidias del Enemigo, confiando plenamente en la Palabra que salva. Que cada día de este tiempo santo sea una oblación que pueda presentar al Padre por mi propio bien, el de mis hermanos y el de toda la Iglesia.

 

Contemplación

Descubriendo mi hambre, mis pretensiones, mis ambiciones, suelto mis amarras al soplo de Dios.

 

Acción

Oración, ayuno y limosna siguen siendo los mejores ejercicios para entrenarnos en la caridad de Cristo. Ellos, iluminados por la lectura del Evangelio, especialmente de los domingos de esta Cuaresma, serán la mejor escuela para disponernos a vivir con plenitud la Semana Santa y la Pascua.

 

 

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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