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Lectio Divina - Evangelio Dominical



“El que perdona sin haber luchado por la justicia, es un tonto”
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Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Yo, en cambio, les digo: No hagan frente al que los agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica; dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Han oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo’. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, y recen por los que les persiguen. Así serán hijos de su Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si aman a los que les aman, ¿qué premio tendrán? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”. Mt 5,38-48

 

 

“El que perdona sin haber luchado por la justicia, es un tonto”

P. Óscar Arias

 

Meditación

Nos encontramos al final del capítulo 5 del Evangelio según san Mateo, mismo capítulo que inicia con las Bienaventuranzas o Sermón del Monte, aquél que Jesús propusiera a sus discípulos como una nueva forma de regirse ante la ley del Antiguo Testamento, ya que ésta se basaba todavía en una justicia retributiva, como lo vemos en Ex. 23,21-25: “Si hubiera otro daño, entonces pondrás como castigo, vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”, y así por el estilo. Observamos en estos preceptos una relación directa con el Código de Hammurabi (1760 a.C) Una colección de 282 leyes que proponen un castigo directamente proporcional al crimen cometido, idéntico incluso; de ahí viene que se le conociera como la “Ley del talión”, palabra que deriva del concepto de pesar, de poner las cosas en la balanza, es así, que ante un delito, se pedía el castigo “tal”, de la misma magnitud, idéntico o proporcional a la falta cometida.

En la piedra que se conserva todavía en el Museo del Louvre, se puede ver a Hammurabi, recibiendo estas leyes del dios Samash, Señor del Sol, confiando al príncipe el orden justo del reino para destruir al malvado y al perverso, y evitar que el fuerte oprima al débil.

Son de los vestigios más antiguos de las leyes, que seguramente heredaron los judíos como lo pudimos ver en la cita del éxodo o del Levítico 24,18-20, que sostenían así una justicia basada en el correspondiente castigo al infractor de la ley.

“Si un hijo golpea a su padre, se le cortará la mano”, “si un arquitecto construye una casa y ésta se cae y mata al hijo del propietario, se mate al hijo del arquitecto”, era más o menos el tipo de legislación que exponía; “si un hombre golpea a otro y le causa una herida y dice que no fue intencionalmente y lo comprueba, entonces, le pagará el médico”.

Jesús, por su parte, habiendo oído esta legislación, quería llevar a plenitud la ley y extirpar de sus discípulos el deseo de venganza, palabra que traduce el diccionario como “satisfacción por el agravio recibido”.

 

Contemplación

Intentemos ver a Jesús platicando amigablemente con aquellos que lo seguían, dedicado a llevarlos más allá de reaccionar visceralmente a las ofensas recibidas. Y a en otra ocasión, pedirán los discípulos hacer llover fuego sobre otros que no eran de su grupo y que expulsaban demonios.

Al respecto, recuerdo que hace unos meses tuve un accidente en la moto que manejaba: choqué contra un camión de volteo que se pasó el alto a plena luz del día; como a mí me llevó la ambulancia por el golpe que recibí, el chofer del camión aprovechó para huir; sin embargo, unas cuadras más adelante lo detuvieron. Después de que salí del hospital, con la pierna derecha inmovilizada, me estaba esperando un oficial de policía para ir al Ministerio Público donde llevaron al conductor mencionado. Él insistía en que si se hubiera pasado el alto, entonces más autos se hubieran estrellado contra él, que no recordaba ni siquiera si se había pasado el alto. El Ministerio Público le hizo comprender que por haberse dado a la fuga, por los daños que había provocado, tanto a la moto como a mi persona, se quedaría en calidad de detenido, lo iban a procesar y mandar a la cárcel.

Fue hasta ese momento que lo pude perdonar, porque antes él quería salvarse con la mentira o queriendo inculparme falsamente; él y su familia decían que sólo iban a decir la verdad, cuando la verdad es que él había cometido el error de pasarse el alto en el último momento. Reflexiono que antes no lo pude perdonar, no porque yo no quisiera, sino porque él mismo no pretendía ser perdonado, es más, quería seguir con la cadena de injusticias que había perpetrado desde esa mañana.

Sencillamente concluyo que el que perdona sin haber luchado por la justicia, es un tonto; que no podemos perdonar a alguien que hace daño y no se arrepiente, eso es ser pusilánimes, débiles de carácter, lo digo por aquellos que creen que hacen la voluntad de Dios, permitiendo que los que hacen el mal se salgan con la suya.

 

Oración

Amado y Buen Jesús, no permitas que nos quedemos inmóviles ante nuestros hermanos que hacen el mal; no permitas que nos creamos buenos discípulos tuyos cuando callamos ante las injusticias o decimos que perdonamos a aquellos que golpean, que dañan, que explotan, que abusan. Danos la energía necesaria para luchar por la justicia y ser entonces bienaventurados; permite que si somos perseguidos por ello, heredemos el Reino de los Cielos.

 

Acción

Ofrezcamos a Dios esta semana nuestros esfuerzos por conseguir que alguien que esté haciendo algo malo, deje de hacerlo, o ir con la autoridad correspondiente para que se haga justicia.      

 

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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