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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio divina
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Sal y luz

Lectura

Después de haber proclamado las bienaventuranzas en el monte, Jesús se dirige a sus discípulos para interpelarlos directamente. “Ustedes son sal”, “Ustedes son luz”. Los ejemplos que emplea para hablar de su vocación parecen rayar en lo absurdo: una sal que pierde sus propiedades, una vela que se esconde debajo de una olla. Eso serían los cristianos si no realizaran buenas obras. Por el contrario, deben hacerlas y ser vistos por los hombres, para que ellos den gloria a Dios.

Meditación

La sal y la luz son realidades buenas. Sus propiedades ayudan directamente a la vida de los seres humanos. En tiempos de Jesús, la sal, además de ser utilizada para condimentar los alimentos y ayudar a su conservación, aparecía en algún sacrificio. Una vela sencilla, por otro lado, era suficiente para iluminar toda una casa. Las cosas no pueden renunciar a sus características: responden con verdad a su estructura intrínseca. Así debe ocurrir con los cristianos. Dejar de hacer el bien es un contrasentido. Hoy muchas veces se nos presiona a esconder nuestro testimonio, a avergonzarnos de nuestra identidad. Contra ello, hemos de perseverar con la contundencia de la sal y la noble libertad de la luz. En una tierra pisoteada por el silencio del amor y la injusticia, se nos provoca a ser misericordia y consuelo. En un mundo oscurecido por la violencia y las más diversas idolatrías, se nos desafía a la congruencia fecunda que genera armonía y reconciliación. Un puñado de cristianos en medio de la ciudad puede ser la diferencia.

 

Oración

 

Nos has hablado, Jesús, de la bondad de tu Padre, y quieres extenderla convirtiéndonos a tu Reino. Al llamarnos a estar contigo, iniciaste un proceso de aprendizaje y transformación que nos impregna de esa misma bondad. Nos has dicho que somos sal y luz. No queremos ser cristianos absurdos. No permitas que nos refugiemos en la cómoda mediocridad del silencio, de la omisión, del descuido. Nuestro sabor debe ser intenso, y nuestro brillo, diamantino. La insípida tristeza de ambiciones necias, la turbia y nebulosa noche de los rencores, no deben apoderarse de unos corazones creados para bombear sangre divina. Quiero, Señor, ser luz de tu luz, que abrace con tus rayos en la caridad y la condescendencia a mis hermanos. Quiero ser el sabroso gusto eucarístico de tu comunión, para impregnar de sentido divino a una sociedad que con frecuencia se olvida de ti.

 

Contemplación

 

Me detengo un momento a percibir con atención un sabor agradable. Hago lo mismo descubriendo los rasgos del entorno que la luz me concede captar. Ahí está la identidad cristiana, ahí está mi propia misión.

 

Acción

 

Hablaré de Cristo, actuaré como Él, me alegraré públicamente de pertenecerle. Cobraré humilde conciencia de que a través de las buenas obras que logro realizar, la belleza de Dios se hace presente en el mundo, y realmente yo mismo participo de su obra salvadora.

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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