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Lectio Divina - Evangelio Dominical



El pueblo que habita en tinieblas
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Lectura del Santo Evangelio

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: “País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”. Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: “Conviértanse porque está cerca el reino de los cielos”. (Mt 4,12-17)

 

El pueblo que habita en tinieblas


Meditación

Este domingo hemos escuchado en el Evangelio el inicio de un ministerio, que sin contradecir la predicación del Bautista, llega o se quiere dirigir más allá. Es Jesús, que después de haber sido bautizado, es conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado y a su regreso, empezó con su actividad, la cual no sólo se concentró alrededor del río Jordán, sino que se abrió a otras personas, otros pueblos, realizando milagros y hablando con quienes incluso eran despreciados o considerados como enemigos de los judíos.

El contenido de su predicación, no sólo fue: “conviértanse, porque el Reino de los cielos ha llegado” (v. 17), sino que acompañó de diversos signos su mensaje; distintas obras llenas de misericordia que revelaban su poder y decían de Él: “¿qué doctrina es ésta?, enseña como quien tiene autoridad”.

La salvación que promete, el Reino del que habla, irá íntimamente ligado no sólo a una realización de obras portentosas, los signos y milagros que acompañaron su predicación; sino que se referirá a su propia persona; si el Reino ha llegado, este reino de paz, de prosperidad, es porque Jesús está ahí, en medio de su pueblo. Él es la Luz.

“El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz, sobre los que vivían en densas tinieblas, la luz ha resplandecido... una luz les ha amanecido” (v. 16). Ya en otras culturas, incluso prehispánicas, se vinculaba a Dios con la luz, de hecho, se identificaba como divinidades tanto a la luz que alumbraba el día, como la que alumbraba la noche.

 

Contemplación

En las últimas semanas, a diario he escuchado noticias de México, acerca de nuestros pueblos que están sufriendo, especialmente en Michoacán, pero también en otras partes del país; sobre gente que ya no aguanta más, que son extorsionados, que viven a merced del crimen organizado o de policías y funcionarios corruptos; se parece tanto a la expresión: “los que vivían en densas tinieblas”, ya que no se puede trabajar, los comercios tienen que pagar ‘cuota’, no se puede ni vender, ya casi ni caminar en ciertas calles.

Sin embargo, el cristiano, siempre, desde el inicio de la predicación de Cristo, de esta nueva doctrina enseñada con autoridad, ha visto en esos difíciles momentos, una luz. Esa luz que es Cristo, que viene a nosotros con un nuevo mensaje de perdón, de reconciliación, de entregar la vida por las personas que amamos; esa luz de resurrección con la cual iniciamos la más importante de nuestras liturgias: la del día en que anunciamos que Cristo ha vencido la muerte y que ha quedado en nuestras parroquias, representada por ese Cirio Pascual. De esa luz hemos encendido nosotros una vela, para llevarla y la conservamos en la casa, para iluminar nuestras familias y recordar que a pesar de estar viviendo en el peor momento, en la más difícil situación, en la más complicada y desafiante realidad, Cristo ilumina nuestra vida y nuestro caminar.

Al escuchar la situación de tantos pueblos y familias en nuestro amado país, podríamos pensar que es un pueblo que habita en las tinieblas, pero es precisamente esa la actualidad del Evangelio, para eso vamos a Misa, para saber que es este pueblo sobre el que ha brillado una gran luz.

 

Oración

Amado Padre, permítenos cantar y alabarte diciendo que: la luz de Jesús ha iluminado al mundo, que esta luz ha iluminado nuestra vida, que para aquellos que ya no vemos más que densa niebla hacia el futuro de nuestro trabajo, de nuestra vida, de nuestra comunidad; para todos nosotros la luz de Cristo ha resplandecido. Permítenos ser luz del mundo y sal de la tierra, ayúdanos a no desfallecer en este empeño de llevar la luz de Cristo y llenar de esperanza y alegría a nuestros pueblos.

 

Acción

Encendamos cada día de esta semana, un momentito en nuestras casas, el cirio o una vela, para orar por Michoacán, por nuestras familias y por nosotros mismos.

 

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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