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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectura del Santo Evangelio
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Lectura del Santo Evangelio

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que Ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió abandonarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: “José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en Ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un Hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de los pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: “Miren: la Virgen concebirá y dará a luz un Hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”. Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer. (Mt 1,18-24).

 

“Pero a Ella, no la dejes sufrir…”

P. Óscar Arias Bravo

 

Meditación

El Evangelio de este domingo, que viene después de la genealogía de Jesús y es previo a la Navidad, se centra con particular atención sobre la figura de José, marido de María, quien siendo un hombre justo y queriendo a su esposa, pensó no denunciarla, sino solamente abandonarla en secreto.

Se cumplen en el texto las condiciones de un anuncio que viene de Dios, es decir: se le aparece en sueños un ángel, un mensajero de Dios; le anuncia algo que había sido prometido por los profetas, “una Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios con nosotros” (Isaías 7,14), y la realización del anuncio.

Se afirma (A. J. Levoratti) que la novedad del anuncio del ángel, es el papel que Dios mismo pide desempeñar a José, ya el de María implicaba una difícil responsabilidad, pero a final de cuentas era tarea de María; ahora, Dios pide a este varón justo (díkaios = honrado, piadoso, humano) acoger a Ella y a su Hijo, como propios.

 

Contemplación

Cuando contemplamos este acontecimiento, sólo con ojos humanos, nos parecería injusto: por qué alguien que ha sido tan bueno, justo, humano, ahora tenga que cargar con la responsabilidad de otro; por qué no le basta a Dios con que José se retire en secreto, asegurando así la vida de María, la madre de su Hijo, y del propio Jesús, para la salvación de Su pueblo, sino que además le pide a través de su mensajero que vuelva a recibir a María y ponga el nombre de Jesús (Yahvé salva) al Hijo que lleva en su vientre, que lo reciba como su propio Hijo y se encargue de ellos.

A ojos puramente humanos, parece injusto que José no pueda tener planes propios, proyectos propios, sino los que Dios ya tenía para Él. Sin embargo, en la dinámica del amor y de la donación al otro, hay una felicidad casi incomprensible para quien piensa sólo con una dinámica terrenal, mundana.

De pequeño escuchaba una canción de Javier Solís que trataba de un hombre pecador, que por un amor se quería volver bueno y que, a pesar de todo, no le pedía a Dios por sí mismo, sino por Ella, por su amor; decía: “pero a Ella, pero a Ella, no la dejes sufrir”.

Ofrezco de antemano una enorme disculpa para todo especialista en Sagradas Escrituras y Espiritualidad, por lo que voy a proponer; es más, no conozco la intención del que compuso esta canción, pero si Dios me concede algún día llegar al cielo, voy a decirle a san José que le llevemos serenata a la Virgen María y en honor de hace tantos siglos, quisiera cantarle: “pero a Ella, pero a Ella, no la dejes sufrir…”

 

Oración

“Reconozco Señor que soy culpable, sé que fui pecador imperdonable, hoy te pido Señor me vuelvas bueno; porque tengo un amor limpio y sereno. Y si voy a seguir siendo igual que antes fui, no la dejes venir a llorar junto a mí, quítame su amor, porque soy un pecador, pero a Ella, pero a Ella, no la dejes sufrir”.

 

Acción

En este último domingo de Adviento, por un gran amor a María, no permitamos que las mujeres que Dios ha puesto en nuestro camino y vocación, sufran por causas que podemos evitar; tengamos un gesto de afecto, cariño y agradecimiento hacia ellas.

 

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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