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Lectio Divina - Evangelio Dominical



El pueblo sólo miraba...
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Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si Él es el Mesías de Dios, el Elegido.” Se burlaban de Él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: “Si eres Tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.” Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: “Éste es el rey de los judíos”. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.” Pero el otro lo increpaba: “¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.” Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.” Jesús le respondió: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lc 23, 35-43).

 

 

El pueblo sólo miraba...

P. Óscar Arias Bravo

Meditación

Hoy terminamos el Año Litúrgico 2013 y empezaremos, Dios mediante, el próximo domingo, el Adviento 2014. Como cada año, la liturgia dominical termina con la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, que además, en esta ocasión, clausurará el Año de la Fe, convocado por el Papa Emérito Benedicto XVI en el 2012.

El texto que hemos escuchado, en el penúltimo capítulo del Evangelio de Lucas (c. 23), presenta la escena de la crucifixión del Señor, donde se acompaña de algunos personajes: por un lado, el pueblo que sólo está mirando; por otro, las autoridades que lo injurian; todavía, los soldados que se burlan de Él, y para terminar, dos malhechores en quienes se resolverá el dilema del texto. Ciertamente es una clara referencia al texto de Isaías 53,12, donde se profetiza que el Siervo de Yahvé será contado entre los malhechores, llevando el pecado de muchos e intercediendo por los transgresores.

Pero regresemos a estos dos malhechores en quienes vemos el drama de todo cristiano, uno le demanda, hasta con insultos, blasfema, que si es el Cristo, el ungido, el esperado, se salve a sí mismo y a ellos; mientras que el otro, aceptando su culpa, reconoce en Jesús al Justo por excelencia, al Inocente, y le pide, le suplica solamente que se acuerde de él cuando esté en Su Reino.

Al final del fragmento que hemos escuchado este domingo, Jesús le promete: “Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”.

 

Contemplación

Tratemos de hacer un esfuerzo por colocarnos en la escena que se ha proclamado este domingo: la Crucifixión, de manera que podamos ver qué puesto ocupamos; podemos ser sólo de los indiferentes que vemos signos de Dios en nuestra vida, pero no nos involucramos más, podemos ser incluso de aquellos que han tomado la fe como una cuestión de debate intelectual y en ocasiones hasta hemos hecho bromas, burlas de la religión o de la Iglesia; bueno, incluso podemos ser de aquellos que le hemos causado daño, dando un pésimo testimonio cristiano o, para acabar de una vez por todas, hemos confrontado al mismo Cristo diciéndole que: “¡O nos hace lo que le pedimos o no es Dios!”, porque Dios se apiadaría de nosotros, nos concedería esa salud que tanto le pedimos, nos daría ese trabajo que tanto estamos buscando o haría justicia con tantos malhechores que van por la calle causando daño.

Al final, nos queda sólo una remota posibilidad de suplicar, ser como aquel ladrón arrepentido que descubre en Jesús su única esperanza, y se aferra con todo lo que le queda a Él, con su último respiro, tal vez con su último aliento; antes de morir sólo le pidió estar con Él, que se acordara de él.

Así, Jesús le responde, no tanto la promesa de estar en el Edén, en ese jardín primigenio, sino el mejor cielo que puede existir: “en verdad te digo: hoy estarás conmigo...”

Hace unos días, escuchaba que no es posible que tan poquitas personas puedan hacer daño a miles de mexicanos, con sus armas o con sus decisiones, sembrando terror o corrompiendo a los jóvenes; pero explicaban que si esos miles de mexicanos no hacen nada, entonces seguramente seguiremos estando a merced de la voluntad de unos cuantos.

Al leer este texto, me recuerda al pueblo que presenciaba la muerte del Justo y nadie hizo nada, sólo miraba, como miramos muchos de nosotros cuando asaltan al de al lado, cuando “levantan” al vecino, cuando el compañero de trabajo se roba abiertamente lo recursos, cuando le dan la concesión al amigo y todos saben que a final de cuentas “hay que entrarle a la mordida y a la tranza” si quieren arreglar las cosas. Si como mexicanos seguimos así, Cristo no podrá ser nuestro Rey, solamente será un Inocente más que muere como otros tantos, mientras nosotros nos quedamos mirando pasivamente su muerte.

 

Oración

¡Jesús: apiádate de mí, cuando vengas en Tu Reino!

 

Acción

Procuremos toda esta semana pedirle incesantemente a Jesús que nos permita estar cerca de Él, y que no nos quedemos mirando más las injusticias, los robos, la corrupción, el maltrato ni la violencia a nuestro alrededor.

 

Escrito y/o Publicado por:

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