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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina: “Yo les daré una elocuencia y una sabiduría”
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Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: “Esto que contemplan, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está por suceder?” Él contesto: “Cuidado con que nadie los engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca; no vayan tras ellos. Cuando oigan noticias de guerras y de revoluciones, no tengan pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida”. Luego les dijo: “Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso les echarán mano, les perseguirán, entregándolos a las sinagogas y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendrán ocasión de dar testimonio. Hagan propósito de no preparar su defensa, porque yo les daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario suyo. Y hasta sus padres, y parientes, y hermanos, y amigos los traicionarán, y matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de su cabeza perecerá; con su perseverancia salvarán sus almas”.  (Lc 21, 5-19)

“Yo les daré una elocuencia y una sabiduría”

(Lc 21,5-19)

P. Julio César Saucedo

El texto, ¿qué dice?

Jesús ya se encuentra en Jerusalén; está a pocos días (cfr. Lc 21,37-38) para entrar en la vigilia de su condena, en la que, Judas decidirá traicionarlo y las autoridades religiosas de condenarlo. En este escenario, se inserta el grande discurso de Jesús sobre el fin del mundo, que más bien, podríamos entenderlo como la plenitud de la historia por la venida de Cristo en su gloria.

La introducción propia a las palabras que serán pronunciadas, tiene como ambiente la admiración de algunos respecto al Templo de Jerusalén, que en ese tiempo gozaba de un esplendor por su belleza en las piedras preciosas que lo adornaban. Y en ese ambiente de admiración, Jesús proclama unas palabras escandalizadoras: “De esto que ven, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra”. Esto nos enseña dos aspectos: por una parte que, el Templo aún con toda su belleza, también está sometido a la ley de la tierra, de consecuencia está destinada a morir bajo el signo de la destrucción: “no quedará piedra sobre piedra”; y por otra parte, nos muestra que en la época de Lucas, ya había acontecido la destrucción del Templo, cumpliéndose cada palabra del Señor.

Sin embargo, quienes escuchan esta profecía desconcertante, sienten la curiosidad por saber el «cuándo»; más Jesús los ayuda a que se preparen mediante el cómo: «no se dejen engañar», «no les sigan», «no se aterren», «los perseguirán, los entregarán, los llevarán, esto sucederá para que den testimonio», «yo les daré una elocuencia y una sabiduría», «con su perseverancia salvarán sus almas».

 

El texto, ¿qué me dice?

Nunca falta quién, por curiosidad, quiera saber qué pasará y cuándo ocurrirá el fin del mundo. Con esta lectura evangélica, Jesús nos previene a no preocuparnos por el qué y el cuándo, pues de nada servirá saber sus respuestas si no hay un cambio radical en «la mentalidad del hombre». En otras palabras, saber el día y la hora no nos harán mejor en la caridad y la misericordia, porque sólo son datos externos, lo que verdaderamente cambia es la fe en Cristo. De ahí, la importancia de la sentencia definitiva al final del pasaje: «con su perseverancia salvarán sus almas».

Esto es lo que verdaderamente importa: «perseverar en el amor a Dios», «abandonarnos en sus manos», «vivir nuestra dignidad de hijos de Dios», «saber ser hermanos con los más desprotegidos»; pues el tiempo de la espera en la segunda venida del Hijo de Dios, no es un tiempo de fuga de la historia, ni de fabricación de “historias bonitas y sentimentales de la fe”, que solo sirven para crear una conciencia laxa de lo que significa ser cristiano. ¡No! La fe no es un sentimiento, ni una simple “bonita experiencia”. Es esto lo que nos recuerda Lucas, estamos en el «tiempo del testimonio», el tiempo en el que el nombre de Jesús viene proclamado no solo con “la boca” sino con la vida; es el «tiempo de la gracia del Espíritu, de la perseverancia y del amor», sabiendo que el Señor no defraudará, pues «no perecerá ni un cabello de su cabeza».

 

El texto, ¿qué me motiva decir?

Señor, tú que eres el Templo vivo y el Sol naciente de la historia, en quien nos movemos, existimos y somos; ayúdanos a crecer en la fe para que amándote sólo a Ti, tengamos nuestra esperanza firme en los bienes del cielo, haciendo presente tu Reino en la tierra. Amén.

 

El texto, ¿qué me motiva hacer?

Cristo es el Señor de la historia que nos libera de toda esclavitud. Una de ellas, que es muy sutil pero peligrosa, es la superstición concretada en la “lectura de las cartas”, “los horóscopos”, etc. ¿Por qué es peligrosa? Porque pones tu confianza en palabras que otros han inventado, pero sobre todo porque dejas de ser sujeto de tu propia vida y te conviertes en objeto de lo que otros dicen. Lo que motiva el texto evangélico es a ser sujetos de nuestra historia con Cristo. Si estás dispuesto, renuncia a este tipo de “lecturas supersticiosas”, o bien, ayuda a otros, con prudencia y caridad, a que vivan su libertad de hijos(as) de Dios. 

Escrito y/o Publicado por:

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