Semanario Católico de Información y Formación

Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina: “Él había de resucitar de entre los muertos”
-
Disminuir Texto Aumentar Texto Enviar por Email Imprimir
¿Qué dice el texto?
El texto a meditar en este día en que celebramos la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, es el del Evangelio de san Juan 20, 1-9. Leámoslo atentamente y hagamos nuestro su contenido. 

Para una mejor comprensión
El relato de la tumba vacía se encuentra en la sección 18,1-20,31, llamada narración de la Pasión-Resurrección, en donde hay muchas coincidencias con los otros tres evangelistas. Pero llama la atención que el relato de Juan contiene algunos episodios que son exclusivos en él. Episodios que se explican como asimilados de una fuente originaria que denotan la pluma del testigo presencial, el discípulo amado. Sección en la cual se encuentra el fragmento de hoy.
El relato posee rasgos doctrinales específicos, tales como el tema de la hora, la presentación de Jesús como juez y como rey, la Pasión como entrega libre que no es humillación, sino glorificación; la cruz no es instrumento de suplicio, sino el trono en que se manifiesta la gloria del Señor.
El texto de Juan 20,1-9, que ordinariamente se proclama en este día de la Pascua, nos propone acompañar a María Magdalena al sepulcro, que es todo un símbolo de la muerte y de su silencio humano; nos insinúa el asombro y la perplejidad de que el Señor no está en el sepulcro; no puede estar allí quien ha entregado la vida para siempre. En el sepulcro no hay vida, y Él se había presentado como la Resurrección y la Vida (Jn 11, 25). 
María Magdalena descubre la Resurrección, pero no la puede interpretar todavía. En Juan esto es caprichoso, por el simbolismo de ofrecer una primacía al “discípulo amado” y a Pedro. Pero no olvidemos que ella recibirá en el mismo texto de Jn 20,11ss una misión extraordinaria, aunque pasando por un proceso de no “ver” ya a Jesús Resucitado como el Jesús que había conocido, sino “reconociéndolo” de otra manera más íntima y personal. Pero esta mujer, desde luego, es testigo presencial de la Resurrección.
La figura simbólica y fascinante del “discípulo amado”, es verdaderamente clave en la teología del cuarto Evangelio. Éste corre con Pedro, corre incluso más que éste, tras recibir la noticia de la Resurrección. Es, ante todo, “discípulo”, quien espera hasta que el desconcierto de Pedro pasa y, desde la intimidad que ha conseguido con el Señor por medio de la fe, nos hace comprender que la Resurrección es como el infinito; que las vendas que ceñían a Jesús ya no lo pueden atar a este mundo, a esta historia. Que su presencia entre nosotros debe ser absolutamente distinta y renovada. 

¿Qué me dice el texto?
Este segundo momento nos ayuda a descubrir lo que el Espíritu Santo quiere comunicarnos. Se invita a los participantes a leer de nuevo el texto, y a dar respuesta personal.
El texto de este domingo, con el relato de la tumba vacía y el anuncio jubiloso de la Resurrección de Jesús, nos describe el camino de la fe pascual que han de recorrer los testigos del Señor. Recordemos que en este paso toca a cada uno de los lectores hacer vida esta Palabra.
Para los discípulos, la Resurrección es una certeza que ahora contemplan en su experiencia de fe y es para nosotros una realidad. Por ello, el texto nos invita a hacer un camino de fe que nos haga comprender el significado de la Resurrección de Jesús para nuestras vidas. No basta con correr de un lado para otro buscando al Señor sin comprender lo que su Resurrección significa. Es necesario aprender a descubrir en los signos de muerte el germen de la vida. Allí donde el discípulo desprevenido experimenta el vacío de la tumba, el ‘otro discípulo’, el que ama entrañablemente al Señor, descubre la manifestación más profunda del Dios de la vida. 
Así mismo, creer en la Resurrección de Jesús es hacer realidad en nuestro mundo el Reinado del Resucitado y su doctrina: Reino de Vida, de Justicia, de Amor, de solidaridad y de Paz. Es creer en el Dios de la vida. Y no solamente eso, es creer también en nosotros mismos y en la verdadera posibilidad que tenemos de ser alguien en Dios. Porque aquí en este mundo, no hemos sido todavía nada, mejor, casi nada, para lo sublime que nos espera más allá, en la gloria eterna de Dios. 
No olvidemos hermanos(as) que hemos sido Resucitados con Cristo mediante el Bautismo, y ahora debemos esforzarnos a seguirlo fielmente con una vida santa, caminando hacia la Pascua eterna, sostenidos por la certeza de que las dificultades, las luchas, las pruebas y los sufrimientos de nuestra existencia, incluida la muerte, ya no podrán separarnos de Él y de su amor. 
Su Resurrección ha creado un puente entre el mundo y la vida eterna, por el que todo hombre y toda mujer pueden pasar para llegar a la verdadera meta de nuestra peregrinación terrena. “He Resucitado y estaré siempre contigo”. Esta afirmación de Jesús se realiza sobre todo en la Eucaristía; en toda celebración Eucarística la Iglesia, y cada uno de sus miembros, experimentan su presencia viva y su amor santificador. 
 
¿Qué le digo al Señor?
En la oración me dejo cuestionar por Él, que me interpela: ¿Qué tanto me esmero por buscar a Jesús? ¿Qué signos voy descubriendo en mi vida que me hacen pensar y creer que Jesús ha Resucitado? ¿Cómo podremos animar a otros a emprender esta búsqueda de Jesús Resucitado? Repitamos una y otra vez: “Jesús, el Señor, está vivo, ha Resucitado. Esta es nuestra fe, es la fe de la Iglesia que profesamos, y es el Anuncio jubiloso que les comunicamos… ¡Ha Resucitado! ¡Aleluya!”.

¿Qué compromiso puedo hacer?
En este último paso, al cerrar mis ojos: contemplo como Pedro y el discípulo amado los lienzos puestos en el suelo y el sudario doblado en un sitio aparte. En este contexto, nos sorprende que el evangelista no narra un encuentro explícito con Jesús Resucitado. Lo que encuentran estos discípulos son sólo signos, signos que los llevan a entender las Escrituras, “según las cuales, Jesús debía resucitar de entre los muertos”. Este hecho nos lleva a asumir y redoblar nuestro compromiso misionero, que es la encomienda que el Señor nos hace hoy. 

Felicidades por nuestro nuevo Papa, Francisco, oramos para que el Señor Resucitado lo conduzca por la senda segura a fin de guiar la barca de Pedro y que nuestra madre Santa María de Guadalupe, madre del verdadero Dios por quien se vive, lo cubra con su manto. ¡Felices Pascuas de Resurrección! ¡Felicidades!

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
Semanario "Desde la Fe"
http://www.desdelafe.mx/
contacto@desdelafe.mx
Otros Artículos »
AVISO LEGAL: Los textos publicados en este sitio han sido, en su mayoría, elaborados por "DESDE LA FE", publicación semanal editada por la Arquidiócesis Primada de México, A.R. y coordinada por el Departamento de Comunicación Social de la Arquidiócesis de México (COSAM) titular de los derechos de autor y explotación económica. Los textos, imágenes y vídeos publicados de terceros pueden estar sujetos a restricciones establecidas por los titulares de los derechos, en estos casos, su publicación estará acompañada de la fuente. Los contenidos elaborados por "DESDE LA FE" son libres de reproducir para fines de divulgación y promoción, con la única obligación de citar como fuente de proveniencia www.desdelafe.mx. Se prohíbe cualquier uso para fines comerciales o de explotación patrimonial.