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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
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En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: “Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír”. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: “¿No es éste el hijo de José?”. Y Jesús les dijo: “Sin duda me recitarán aquel refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún”. Y añadió: “Les aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Les garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, mas que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, mas que Naamán, el sirio”. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejó.

¿No es éste el hijo de José?
P. Salvador Martínez
Meditación
El texto que leemos hoy es la segunda parte de la visita que Jesús hizo a sus paisanos a Nazareth. En la primera parte, que es la más positiva, Jesús leyó un trozo del profeta Isaías y declaró que ese mismo día se había cumplido esta profecía. La reacción del pueblo, que es la segunda parte, no resulta favorable a Jesús, pues de hecho se preguntaban: “¿No es este Jesús el hijo de José?” Aquí podemos preguntarnos ¿Por qué hubo rechazo entre Jesús y los demás nazarenos? …(tiempo de silencio interior) Tal vez existía curiosidad por ver obras semejantes a los milagros que había realizado en Cafarnaum, pero para ellos pesaba más su situación social, a saber, ser de los trabajadores, de las familias pobres de Nazareth. Jesús confronta la curiosidad incrédula con la explicación de que Dios había hecho milagros para manifestar su poder a los paganos y no tanto a los mismos judíos y para ello cita el ejemplo de Elías y la anciana sirofenicia y el ejemplo de Eliseo y Naamán el leproso Sirio. En este punto nos podemos preguntar ¿Por qué Dios favorece a los paganos y no a los mismos israelitas?... (tiempo de silencio) Una posible respuesta es que en el Antiguo Testamento Dios le muestra a su propio pueblo que también tenía poder sobre todas las demás naciones y así provocar su confianza en Él. En el caso de Jesús en Nazareth, el evangelista nos dice la razón: “no pudo hacer muchos milagros allí a causa de su incredulidad”. Los paisanos de Jesús se negaron a cambiar los prejuicios que tenían sobre Él, aceptar a Jesús como mesías implicaría una transformación fuerte en su estatus social, y al parecer no estaban dispuestos a correr tal riesgo.

Contemplación
Podemos considerar la escena y tratar de meternos en la zona de emociones que estaban en juego. Por parte de Jesús, las emociones de fondo son la certeza y la serenidad. Hagamos el ejercicio de identificarnos con estas emociones y tratemos de recordar alguna ocasión en que nos hemos sentido así. (Tiempo de ejercicio interior) Un segundo ejercicio es el de meternos en las emociones de los nazarenos. Estas son de enojo, rechazo, repulsión hasta el grado de querer despeñar a Jesús (Tiempo de ejercicio interior) Después de haber hecho este segundo ejercicio puedo preguntarme, ¿A dónde me podría llevar el fomentar este tipo de emociones?... Los nazarenos no lograron matar a Jesús y éste, más bien, se alejó para no volver.

Oración
Señor Jesús, en esta lectio veo que no siempre fuiste aceptado y bien recibido por todos. Aquellos que estaban en Nazareth tenían curiosidad por ti, pero no se dieron la oportunidad de creer en ti. En ocasiones me sorprende el hecho de rechazar a personas que tengo etiquetadas y catalogadas negativamente, no les concedo el derecho de ser distintas a como ya las catalogué y esto es injusto. También me instalo por conveniencia en “lugares comunes”, es decir, en prejuicios compartidos con muchos otros a cerca de lo aceptable y lo no aceptable, y hago causa común en linchamientos psicológicos y sociales como el que pretendieron llevar a cabo los nazarenos contigo mismo. Por eso Señor, te pido que me concedas instalarme más profundamente en tus emociones, no dejarme llevar por el enojo sino más bien por la verdad y las mociones de tu Espíritu con el cual, desde el Bautismo también he sido ungido. A ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Compromiso
A la luz de lo trabajado podemos proponernos algún ejercicio más constante de apertura a ver y juzgar las cosas con menos dureza. Darme más la oportunidad de conocer a los demás como realmente son.

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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