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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
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Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?”. Respondió Jesús: “El primero es: ‘Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser’. El segundo es éste: ‘amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No hay mandamiento mayor que éstos”. El escriba replicó: “Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de Él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. “Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: “No estás lejos del reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. (Mc 12, 28b-34).

No estás lejos del reino de Dios
P. Salvador Martínez

Meditación
Después de leer varias veces el texto, le propongo que usemos la imaginación para ubicar el contexto vital de este encuentro entre Jesús y el maestro de la Ley. Este diálogo se realizó en Jerusalén y tal vez más específicamente en el Templo de Jerusalén. Podemos imaginar que había gran movimiento de personas, todas ellas en un ambiente de prepararse para ingresar en la zona más especial que era el recinto donde se encontraba el altar de los sacrificios y la lámpara de siete brazos. Podemos imaginar cómo Jesús y sus discípulos estaban reunidos formando círculo y allí se acercó el maestro de la Ley, después de haber escuchado por un rato a Jesús. Imaginemos cómo pudo haber sido la mirada sostenida entre los dos hombres, Jesús y el maestro de la Ley. Una pregunta sincera que probablemente podía iniciar una discusión. De hecho discutían mucho los distintos grupos religiosos judíos a propósito de la supremacía del culto o de la moral en los mandamientos. Jesús, al responder, manifiesta total adhesión a la perspectiva moral. Amar a Dios y al prójimo son los primeros y mayores mandamientos. El doctor estaba plenamente de acuerdo y lo reafirma por encima de cualquier mandamiento relacionado con el culto. Puedo preguntarme, todavía haciendo recurso a la imaginación, ¿Cómo se habrá sentido Jesús en este diálogo? ¿Cómo se habrá sentido el doctor de la Ley?... (Tiempo para permanecer en silencio interior). Una vez realizado el primer ejercicio, también puedo hacer un intento de cuestionamiento interior. ¿Qué es lo que a mí me importa más cuando pienso en mis deberes religiosos?...  Es posible que piense que la asistencia a Misa es lo más importante o lo indispensable ¿Qué pensaría de este criterio el Señor?… También resulta interesante cómo Jesús no enunció sólo el primero: “amar a Dios sobre todas las cosas”; sino también unió íntimamente el segundo “amar al prójimo”. Esta forma de pensar es congruente con otras frases de Jesús: “lo que hiciste a uno de estos pequeños a mí me lo hiciste”, “vengan benditos de mi Padre porque estuve sediento y me dieron de beber…” ¿Soy capaz de ver a Cristo en los necesitados que me rodean?...

Contemplación
La forma en que Jesús enunció el primer mandamiento nos recuerda las palabras de Dios dirigidas a su pueblo en el camino del Éxodo: “Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno. Amarás al Señor tu Dios, con todo el corazón…” Podemos hacer un ejercicio de contemplación a partir de la frase “Escucha, el Señor es nuestro Dios, ámalo de todo corazón” o con una frase construida personalmente. Hay que repetirla interiormente sin pretender pensar mucho, simplemente hay que resonar con su contenido, sentir como cae en lo profundo, como me llena. Podemos hacer un segundo ejercicio contemplativo a partir de las últimas palabras del Señor dirigidas al doctor de la Ley. En primer lugar con la imaginación puedo ponerme en el lugar de doctor de la Ley, sentir la mirada de Jesús sobre mí y en ese mismo tiempo escuchar de sus labios: “no estás lejos del Reino de los Cielos”… En ocasiones suele suceder, cuando hacemos estos ejercicios, que surja un escrúpulo o sentimiento de indignidad. Nos viene la tentación de no dejarnos decir cosas buenas de parte del Señor. A ello hay que responder con la confianza humilde, si Dios me lo quiere decir quiero dejarme que me lo diga. Si reconozco algún pecado que está como piedra que se interpone, es una  excelente ocasión para renunciar a ello.  

Oración
Señor Jesús, ha sido hermoso encontrarme frente a frente contigo, como lo hizo aquel doctor de la Ley. Cuando me acerco a Ti para proponerte mis dudas, también mis pesares no siento que me juzgues o me reproches, siempre he encontrado en Ti la mirada limpia de quien me pone atención y ya. Sé bien que me conoces mucho mejor de lo que yo pueda conocerme y aun así no te escandalizas de encontrarte conmigo y siempre estás dispuesto a contestarme, a entablar un diálogo amistoso. Hoy he comprendido que es importante rendirte culto porque a través de signos me muestras Tu amor. Pero me llamas a no olvidar que los mandamientos más importantes radican en el ejercicio del amor a Dios y al prójimo. Con respecto a esto, muchas veces no me permito salir al encuentro de las necesidades de los demás. Me escudo en el prejuicio de que si no me piden ayuda, no quiero ser inoportuno o metiche. Te pido perdón si te dejé ir por el camino de la vida, adolorido, solitario, triste, o necesitado de algo que pude haberte dado. Dame entrañas de misericordia para compadecerme más frecuentemente y poner en práctica el amor. A Ti que vives y reinas por los siglos. Amén.

Compromiso
Podemos proponernos más atención al encuentro con Dios en la oración y en el servicio al prójimo. 

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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