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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
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En aquel tiempo, Juan le dijo a Jesús: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre y como no es de los nuestros, se lo prohibimos”, pero Jesús respondió: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga un milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor. Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no se quedará sin recompensa. Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y que los arrojaran al mar. Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Pues más te vale entrar manco en la vida eterna que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Pues más te vale entrar cojo a la vida eterna que, con tus dos pies, ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Pues más vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos, al lugar de castigo donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. (Mc 9, 38-42.45.47-48)

 

“El que no está contra nosotros, está a nuestro favor”

 

Mons. Florencio Armando Colín Cruz

Obispo Auxiliar de México

¿Qué dice el texto?

El fragmento del Evangelio que hoy se nos proclama contiene abundantes enseñanzas propuestas por Jesús. Recordemos que el texto de San Marcos es clasificado como el Evangelio más antiguo. Este autor escribió los acontecimientos referentes a Jesús entre los años 60-65.d.C. Es el fruto, además, de materiales recogidos en las distintas comunidades de la Iglesia naciente.

El contexto global es sin duda la respuesta de Jesús a las vanas ambiciones de los discípulos: no solamente han discutido sobre quién es el más importante, sino que se sienten celosos de que otros, fuera del grupo, hagan el bien en nombre de Jesús. El capítulo 9 de Marcos es, por tanto, una gran catequesis dirigida a los discípulos para invertir sus criterios de mesianismo mundano.

 

¿Qué me dice el texto?

Este momento nos ayuda a descubrir lo que el Espíritu Santo quiere comunicarnos a los que participamos en esta reflexión de la Palabra de Dios. Te invito a leer de nuevo el texto, y a dar una respuesta personal.

El texto nos ofrece varios temas importantes de reflexión, independientes entre sí, que pueden unirse en uno solo.

El primer tema es que Jesús admite como trabajo por el Reino lo que realmente es, aunque lo realice alguien que no pertenece al grupo de Jesús y a los discípulos. Esta interpretación viene avalada por la presencia del texto de Números, que tiene la misma lectura; una frase muy característica puesta en boca de Moisés: “¿Es que estás celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!”. Y es que el Espíritu trabaja y se alegra de la presencia de la liberación en cualquier parte que la encuentre, incluso si se da fuera del círculo de quienes siguen expresamente a Jesús.

El segundo tema viene representado por el verso: “El que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no quedará sin recompensa”. Tendemos fácilmente a identificar el mensaje en el contexto del “a mí me lo hiciste”.  Se trata de valorar positivamente todo lo que se hace por Jesús y por sus seguidores, aunque no sea la adhesión plena. Una vez más, la pertenencia al Reino no se hace con parámetros exclusivos sino inclusivos: no se rechaza por no estar del todo dentro, sino que se aprecia todo lo que signifique un acercamiento, por mínimo que parezca.

El tercer tema es el del escándalo. Llama la atención la gravedad de las expresiones con que se especifica el precepto. Sabemos que estas expresiones paradójicas son muy del gusto de Jesús, que las usa para enfatizar la importancia del mensaje. Esto está presente en los matices sorprendentes de muchas parábolas y, quizá de manera suprema en el dicho del camello y el ojo de una aguja para significar el peligro de la riqueza.

Esto hace que Jesús se encienda de indignación y profiera radicales amenazas. Las consecuencias son sin embargo opuestas: el grupo de discípulos caminará poco a poco hacia la conversión y servirán de testigos y mensajeros de Jesús, del Reino; mientras que los fariseos y doctores se cerrarán a la Palabra y apartarán de Jesús y del Reino a los demás. Estas enseñanzas que hoy contemplamos nos colocan frente a la radicalidad de nuestro seguimiento desde la perspectiva del escándalo. Un seguimiento radical "para que el mundo crea".

Podríamos anotar aquí múltiples consideraciones sobre los escándalos actuales de la Iglesia, que impiden la fe de muchos. La alianza con el poder, la ostentación de riqueza, el doble servicio: a Dios y al consumismo, nuestra conciencia de “pueblo privilegiado”, la marcada preferencia por lo dogmático sobre el servicio. Pero hemos tratado de estas cosas demasiadas veces. Será mejor dejar que cada uno reflexionemos sobre nuestra condición de llamados por Jesús, y la responsabilidad que contraemos ante el mundo.

 

¿Qué le digo yo al Señor?

La oración es la oportunidad para dialogar con el Señor. Por ello, en este ambiente de reflexión con motivo de este “Encuentro” con la Palabra, y en intimidad con el Señor, exhorto a que juntos digamos esta oración: “Señor Jesús, Tú nos has dicho: El que no está contra nosotros, está a favor nuestro. Y aunque alguien se empeñe en estar contra nosotros, nosotros nunca debemos estar contra nadie. Buscar en todos la comunión, es la verdadera tarea de un seguidor de Jesús. El cristiano nunca puede fomentar la división (desamor). Si aún me cuesta aceptar al otro tal cual es, es señal de que aún no he hecho mío el Evangelio. Todavía estoy esperando que cambie para sentirme bien. ¿Puedo imaginarme que Dios hiciera conmigo lo mismo?. Amén”

 

¿A qué me comprometo?

Ahora entramos en diálogo íntimo y personal con Dios, para saborear la presencia activa y creadora de su Palabra. Nos disponemos a ingresar en el umbral de la puerta de la fe, para hacer vida su mensaje. Y caminar en el proceso de evangelización para nuestra provincia, diócesis, parroquia, comunidad, para nosotros mismos, formando una Iglesia Joven convocando a los jóvenes para que sean sus testigos. Terminemos nuestra lectura orante, con un compromiso p
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