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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
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En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterara, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará”. Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutían por el camino?”. Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”. (Marcos 9, 30-37)

¡El más buena onda!
P. Óscar Arias Bravo
“Inscripciones abiertas. Pase a conocer el nuevo modelo educativo, sus hijos podrán salir con el diploma de “El más buena onda de su grupo”.

Meditación
Al final del capítulo pasado –el 8 del Evangelio de san Marcos– Jesús acaba de regañar a Pedro por quererse poner en el lugar del Maestro y decirle que lo de ir a sufrir a Jerusalén y terminar su vida como los demás profetas, no le podía pasar a Él. Jesús le dice: “Apártate de mí, Satanás” o ponte detrás de mí, ¡aprende!, no me digas cómo tienen que ser las cosas, porque tú no piensas con los criterios de Dios.

Ahora el capítulo presente, el 9, inicia llamando a Pedro, a Santiago y a Juan a un monte alto, donde se transfigura delante de ellos, les muestra su gloria y, bajando, hace el milagro de curar a un joven cuyo padre pide a Jesús que le ayude a creer: “creo, pero aumenta mi fe”, como disculpa por haberle dicho “si algo puedes, ayúdanos” (v. 22). 

Es entonces que caminando por Galilea, llegaron a Cafarnaúm, lo relata el Evangelio de este domingo. Jesús, que seguramente percibió algo extraño en sus discípulos, les pregunta: “de qué venían platicando por el camino?”, y ellos “NO LE CONTESTARON”.

Contemplación
¡Claro! cómo le iban a contestar. Imagínense a Pedro, la futura Cabeza de la Iglesia, que ya se estaba acostumbrando a ser el imprudente del grupo, haciéndose lugar entre sus compañeros y pasando delante de ellos nuevamente para contestarle a Jesús: “¿qué crees Maestro?, estábamos pensando... quién de nosotros es el más importante en el Reino del cual Tú nos has hablado!”. Bueno, pues así le hubiera ido a Simón, apodado Pedro, por necio que era seguramente. Sin embargo, Jesús les explica otra vez con gran paciencia y hasta con uno de los gestos más bonitos del 
Evangelio: acerca a un niño, lo pone en medio de ellos y lo abraza, dando además una sentencia, “el que recibe a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a Aquél que me ha enviado” (v. 37).

Al menos a mí me parece muy triste cuando las personas empeñan toda su vida en escalar, en querer ser reconocidos o en pretender ocupar el primer lugar en el salón, en el trabajo, en la colonia o en la sociedad. Imagínense una escuela que se hiciera promoción diciendo: “Aquí sus hijos no van a ser los primeros, pero van a ser bien buena onda”. Jesús pudo pretender llegar a ser Emperador, tenía la fuerza, los seguidores y el carisma. ¿Por qué renunciar a ser el número uno del Imperio?, ¿por qué no lo consideró importante? o es que, ¿despreciaba la administración pública? Seguramente su concepto del número "1" era distinto: el más sencillo, el que se hace el servidor de todos, el que ama a todos, el que le invita de su sándwich al compañero o el que cubre al colega de trabajo cuando está enferma su esposa; la que le recoge el niño a su vecina porque no ha llegado del trabajo o el que paga seguridad social a todos sus empleados aunque no sea el más rico. Para Jesús, seguramente todos estos, sí que son los más importantes del Reino.

Oración
Niñito Jesús, no dejes que nos hagamos demasiado serios y amargos de carácter cuando crezcamos, mantén siempre en nuestros corazones la alegría del niño que fuimos, y déjanos que seamos pequeños y sencillos como tú también lo fuiste. Ayúdanos a aportar el comentario esperanzador en situaciones tristes, así como lo hacen los niños, que con su sonrisa o hasta su ingenuidad, mantienen la felicidad como una alternativa en este mundo tan agobiado por tantos problemas. 

Acción
Esta semana, procuremos no ser mejor que nadie e intentemos ayudar a que alguien sea mejor que nosotros. 


Escrito y/o Publicado por:

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