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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
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Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le pidieron que le impusiera las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y dijo: “Effetá”, esto es “Ábrete”. Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se los mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y asombrados, decían: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. (Marcos 7, 31-37)

 

“¡Ábrete!”

P. Julián López Amozurrutia

 

Lectura

Jesús vuelve al mar de Galilea después de haber recorrido las zonas remotas de la Tierra Santa, y de haber pasado incluso por la región griega de la Decápolis. Le presentan entonces a un hombre sordo y tartamudo, pidiéndole que le impusiera las manos. El gesto que el Señor realiza, sin embargo, resulta original. Apartándolo de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva, para decirle después, tras mirar al cielo y suspirar: “¡Éffetá!”, es decir, “¡Ábrete!”. Y, de acuerdo con el testimonio de san Marcos, al hombre se le abrieron los oídos, se le soltó la lengua y pudo hablar sin dificultad. A la atención personal que Jesús presta al hombre, hemos de añadir en el milagro la combinación de una palabra y de unos signos. La expresión usada, probablemente de origen arameo, va acompañada de una disposición orante, pues Jesús eleva los ojos al cielo, permitiéndonos ver que la curación tiene una eficacia que proviene de lo alto. Antes ha tocado las partes del cuerpo que están afectadas por la enfermedad.

 

Meditación

Podemos reconocer en el texto una estructura semejante a la que presentan los sacramentos. En ellos son también palabras y signos en un contexto de oración lo que da lugar a la acción eficaz de la gracia. De hecho, la memoria de este relato forma parte de los ritos adicionales al bautismo. De acuerdo con el ritual, el celebrante puede tocar con el dedo pulgar los oídos y la boca de quien ha sido bautizado, y decir: “El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre”. Más allá, pues, de la admirable intervención de Jesús en la curación de aquel hombre, podemos descubrir una realidad que sigue ocurriendo entre nosotros, cuando a la cerrazón de nuestros oídos a la Palabra de Dios, acompañada por los tartamudeos de la fe, se nos invita por la gracia a dejar que los dedos del Señor nos curen y, con su aliento, reavivan en nosotros el dinamismo de la fe. Los cristianos ya hemos recibido por el Bautismo esta facultad. La práctica de la fe nos ayudará a que no se nos entuma.

 

Oración

“¡Ábrete!”, dijiste, Señor, para que la incapacidad de acoger la Palabra de aquel hombre fuera vencida por tu aliento. Hoy necesitamos que nos vuelvas a abrir los sentidos interiores de la fe. Necesitamos tu palabra de vida que nos da vigor, para ser congruentes y manifestar al mundo la alegría de conocerte. Tócanos, Señor, el oído, introduce tus dedos santos en nuestros labios, de modo que seamos sensibles a tu Palabra y fuertes en la fe para proclamarla como testigos.

 

Contemplación

Escucho la voz del Señor que dice: “¡Abrete!”, y siento su mano tocándome los oídos y los labios. Experimento la libertad que me otorga con su acción, la salud a mi dureza de corazón. Lo he escuchado. Puedo manifestar lo que he vivido. La incomprensión y la torpeza de comunicación han quedado atrás.

 

Acción

Dedicaré un tiempo a la lectura del Evangelio, implorando del Espíritu la capacidad de estar abierto a su contenido, de asimilarlo y hacerlo vida.

 

 

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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