Semanario Católico de Información y Formación

Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
-
Disminuir Texto Aumentar Texto Enviar por Email Imprimir

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”, y decían: “No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?”. Jesús tomó la palabra y les dijo: “No critiquen. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: ‘Serán todos discípulos de Dios’. Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan de vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. (Jn 6,41-51)

 

No murmuren

P. Julián López Amozurrutia

 

Lectura

Jesús se había presentado como el pan vivo bajado del cielo, suscitando la sorpresa entre los judíos, que se pusieron a murmurar contra Jesús. Aquella era la murmuración de los corazones endurecidos, de los que pretenden saber y hablan sin conocer la realidad, de los que se aferran a sus opiniones y se resisten a cualquier novedad: “¿No es Jesús, el hijo de José? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?”.

Pero así era. Él procedía del ámbito divino, había “bajado” siguiendo el mismo camino que los judíos celebraban en el maná, como alimento del cielo. Jesús les advierte: “No murmuren”. La palabra humana que se adelanta atropelladamente al auténtico conocimiento, puede tropezarse con el error y sucumbir en la mentira. Es necesaria la prudencia que escucha, que se deja atrapar por la belleza del Dios que llega. “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado”. Jesús desciende como “pan”, como alimento celestial, para darle al mundo la vida verdadera, la vida eterna.

 

Meditación

Jesús es pan que viene del cielo, y ha de ser recibido por corazones bien dispuestos. El movimiento de encontrarnos con Él es producto de la gracia, es la acción que el Padre realiza por medio del Espíritu Santo atrayéndonos hacia él, permitiéndonos disfrutar el gusto sabroso de su consistencia, el ofrecimiento inmerecido de una vida nueva, que nos eleva, que nos proyecta a la eternidad. En cada Eucaristía tenemos la oportunidad de participar del divino banquete. A veces murmuramos las razones por las que nos privamos del alimento: tenemos mucho trabajo, estamos cansados, han llegado visitas, la familia organizó una fiesta; los centros comerciales nos esperan con sus propios murmullos. O aparecen otras razones: el sacerdote es aburrido, la comunidad es desagradable, está lloviendo a cántaros… Sin embargo, Dios mantiene su bella promesa, entregándonos en el sacrificio del Hijo el vínculo de la salvación. La belleza eucarística trasciende las murmuraciones y nos provoca a dejarnos atrapar por el don divino, por su exquisita textura, por su noble consistencia.

 

Oración

Jesús, hoy me invitas a detener mis labios en sus afanes ociosos para escucharte y, en silencio, recibirte en la Santa Misa. Es verdad: yo también he murmurado contra ti y contra tu don; me he privado de tu obsequio y he perseguido la palabra insulsa. Sin embargo, el Padre me atrae hacia ti con insólita suavidad y dulzura. ¡Eres bueno, pan de vida! Ahora abro los labios conmovido por tu amor y deseo nutrirme de tu misma carne. Me atrevo a recibirte no por mis pobres méritos, sino porque no se puede rechazar un amor tan grande. Hazme con la gracia del Espíritu digno de ser tu comensal.

 

Contemplación

Recibo al Señor en la Eucaristía con devoción y recogimiento. Me dejo tocar por el Espíritu que el Padre envía para vibrar conscientemente en una profesión de fe: Yo creo, Jesús, que estás presente en el altar, y que con tu muerte y resurrección me has salvado.

 

Acción

Procuraré estar alerta y bien dispuesto en la participación de la Eucaristía. Contagiaré a mis hermanos del gusto y la alegría que brotan de ella. 

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
Semanario "Desde la Fe"
http://www.desdelafe.mx/
contacto@desdelafe.mx
Otros Artículos »
AVISO LEGAL: Los textos publicados en este sitio han sido, en su mayoría, elaborados por "DESDE LA FE", publicación semanal editada por la Arquidiócesis Primada de México, A.R. y coordinada por el Departamento de Comunicación Social de la Arquidiócesis de México (COSAM) titular de los derechos de autor y explotación económica. Los textos, imágenes y vídeos publicados de terceros pueden estar sujetos a restricciones establecidas por los titulares de los derechos, en estos casos, su publicación estará acompañada de la fuente. Los contenidos elaborados por "DESDE LA FE" son libres de reproducir para fines de divulgación y promoción, con la única obligación de citar como fuente de proveniencia www.desdelafe.mx. Se prohíbe cualquier uso para fines comerciales o de explotación patrimonial.