Semanario Católico de Información y Formación

Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
-
Disminuir Texto Aumentar Texto Enviar por Email Imprimir
Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea, o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente porque habían visto los signos que hacía, curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: “¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?”. Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues Él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Ni doscientos denarios de pan bastarán para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”. Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?”. Jesús le respondió: “Díganle a la gente que se siente”. En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil. Enseguida Jesús tomó los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente le fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos sobrantes para que no se desperdicien”. Los recogieron, y con los pedazos que sobraron de los cinco panes se llenaron doce canastos. Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: “Este es en verdad el Profeta que habría de venir al mundo”. Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, Él solo. (Jn 6, 1-15).

“Jesús tomó los panes”
Mons. Armando Colín Cruz
Obispo Auxiliar de México

¿Qué dice este episodio de la Palabra?
El texto que se nos propone hoy para nuestra reflexión se encuentra en la primera parte del Evangelio, el llamado Libro de los Signos, que va del capítulo 2-12, y en la tercera sección llamada “Jesús Pan de vida”, que desarrolla cuatro signos, entre ellos el de la multiplicación de los panes.
Este relato (cuarto signo), el evangelista Juan lo asume y reelabora, hecho que también conocen los Sinópticos (Mc 6, 32-44; Mt 14, 13-21; Lc 9, 10b-17). Es característica de este Evangelio la centralidad de la persona de Jesús, su preocupación por las necesidades del hombre. 
El relato de la multiplicación de los panes está envuelto en evocaciones referentes al Antiguo Testamento, pues refiere que “estaba cerca la fiesta judía de la Pascua”, que rememoraba la salida de Egipto. Aquí evoca para el lector cristiano la Cena Pascual (Juan no narra la Institución de la Eucaristía); esto ayuda a distinguir la Pascua Cristiana.
El texto de san Juan, a diferencia de los otros sinópticos, presenta a la muchedumbre motivada por un claro entusiasmo mesiánico, por los signos realizados. En este ambiente Jesús sube a la montaña y se sienta; esto da a la escena un carácter solemne y alude a la subida de Moisés al Sinaí (Ex 19, 20; 24,1s.), como también al festín Mesiánico-escatológico; sobre la montaña, prepara Dios para todos los pueblos un gran banquete (Is 25, 6-10).

¿Qué me dice el relato?
Este segundo paso tiene como objetivo discernir lo que el Espíritu Santo quiere decirnos en esta meditación de la Palabra de Dios. Esta pregunta puede iluminarnos: ¿Qué me dice este relato? Se invita a leer de nuevo el texto y a dar respuesta personal. Compartir con los demás nuestras experiencias.
El evangelista san Juan narra esta multiplicación de panes y peces. A esta muchedumbre le une un hecho real, el hambre. Jesús, compadeciéndose de toda aquella gente, da solución a aquel problema material y humano. Con ello, nos deja una enseñanza muy importante para nosotros sus seguidores: nos exige la solidaridad, el compartir lo poco o mucho que tenemos, y nos muestra que el dinero no lo es todo, como creían tradicionalmente. Sólo así podremos hacer un mundo nuevo, un futuro mejor.
Contemplamos a un Jesús encarnado y comprometido con su pueblo. Y Jesús quiere demostrarles que el dinero no es todo. Por eso, les pide que compartan lo poco que tienen: cinco panes y dos pescados. Los panes serían de cebada, los más baratos y que sólo comían los muy pobres. Los pescados serían pequeños, del Lago de Tiberíades, muy parecidos a las sardinas, y salados para poder conservarse en buenas condiciones. Pues bien, Jesús tomó los panes y pescados de sus manos, dijo la acción de gracias y se los devolvió para que los repartiesen a toda la muchedumbre que estaba sentada.
Y entonces, “sí”, a partir del compartir, de la entrega total de cuanto se tiene en favor de los demás, se realiza el milagro. Lo importante es dar, compartir. Dios, Cristo, hará el resto... Los que le seguían: cinco mil hombres: toda una multitud. Las sobras: doce canastos, recordando a las 12 tribus de Israel, que simbolizan al pueblo de Dios en plenitud. En este siglo XXI, millones de niños siguen muriendo de hambre. Ante tanta miseria, fácilmente caemos en la tentación del asistencialismo, haciéndonos simples intermediarios entre los hambrientos (excluidos, decimos ahora) y los opulentos, los poderosos, los ricos. De esta manera conseguimos ayudas que quitan el hambre hoy pero dejan intactas las estructuras injustas. El resultado es negativo: adormecemos tanto la conciencia del que oprime a los demás, del acaparador, como la del necesitado, pobre y excluido.
Un proyecto popular no consiste en entregar al pueblo una obra hecha, sino en que el pueblo se la apropie y aprenda a compartir en solidaridad llevando a cabo esa misma obra en comunidad. Y esto no es nunca fruto del dinero, sino de la transformación interior. 

¿Qué le digo yo al Señor?
Ahora, la oración es la oportunidad para dialogar con el Señor. Pidámosle a Dios que nos haga multiplicar a los hombres buenos, hombres responsables y generosos, como el joven que compartió su pan. Por ello, en este ambiente de reflexión con motivo de este “Encuentro” con la Palabra, y en intimidad con el Señor, exhorto a que juntos, como oración recitemos la oración del Padre nuestro, o algún Salmo, o bien alguna oración espontanea.

¿Qué compromiso me pide la Palabra?
Ahora nos sumergimos en el interior de nuestra vida en diálogo íntimo y personal con Dios para descubrir y saborear en ellos la presencia activa y creadora de la Palabra de Dios. Ahora a comprometerse con el proceso actual de evangelización para nuestra provincia, diócesis, parroquia, comunidad, para nosotros mismos. No es evadir nuestra realidad, sino ir al compromiso. Terminemos nuestra lectura orante con un compromiso personal.

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
Semanario "Desde la Fe"
http://www.desdelafe.mx/
contacto@desdelafe.mx
Otros Artículos »
AVISO LEGAL: Los textos publicados en este sitio han sido, en su mayoría, elaborados por "DESDE LA FE", publicación semanal editada por la Arquidiócesis Primada de México, A.R. y coordinada por el Departamento de Comunicación Social de la Arquidiócesis de México (COSAM) titular de los derechos de autor y explotación económica. Los textos, imágenes y vídeos publicados de terceros pueden estar sujetos a restricciones establecidas por los titulares de los derechos, en estos casos, su publicación estará acompañada de la fuente. Los contenidos elaborados por "DESDE LA FE" son libres de reproducir para fines de divulgación y promoción, con la única obligación de citar como fuente de proveniencia www.desdelafe.mx. Se prohíbe cualquier uso para fines comerciales o de explotación patrimonial.