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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
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Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: “Vengan ustedes solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. (Marcos 6,30-34)



“Como ovejas sin pastor”

Meditación

Al regreso de un gran trabajo, los discípulos vuelven con Jesús, como a la fuente de Agua Viva, como a aquél lugar y persona que conjuga en sí misma la acogida, el descanso, la escucha, la paz. 

Las necesidades eran muchas, las multitudes grandes, y no tenían tiempo ni para comer; es decir, ni para lo más básico de cualquier persona. En otras palabras, estaban llenísimos de ocupaciones y aun así no habían terminado con el sufrimiento de la gente; tan es verdad que ya los esperaban en la otra orilla, al desembarcar.

Las lecturas de este domingo, que son el marco que encuadra el Evangelio, nos hablan sobre la figura del Pastor, tradición que se hereda desde tiempos del Antiguo Testamento, donde David pasa de ser pastor a ser Rey, y es ungido para ser responsable de la comunidad, para ser el pastor porque es quien tiene la función de cuidar, de defender, incluso, de enfrentar, arriesgando su propia vida, las amenazas que las ovejas de su rebaño puedan sufrir. 

Desgraciadamente, ya desde la antigüedad, en la administración pública, pero también en la religiosa, había pastores que se aprovechaban de la situación vulnerable de la grey; por eso escuchamos al profeta Jeremías en la primera lectura: “Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño” (23,1-6).

Contemplación

Realmente necesitamos pastores que se conviertan –al menos así lo reconocieron los Obispos de Latinoamérica en la reunión de Aparecida (2007)– para que, como Jesús, puedan sentir, desde lo más profundo de su ser, la necesidad de las personas y, anteponiendo la vida de su gente a sus propios intereses (e incluso a su salud), puedan atenderlas con calma –como finaliza el Evangelio de este domingo– y consagren su vida a ellos.

Pero el reclamo que venimos escuchando desde la primera lectura: “¡Ay de los pastores!”, se aplica no sólo a los pastores, sino a todo aquél a quien se le ha confiado el cuidado de sus hermanos, incluso en la administración pública, como pasaba en la antigüedad con el Rey. San Agustín, consciente de la gravedad que implica la responsabilidad del gobierno, afirmaba: “Donde me aterra lo que soy para ustedes, allí me consuela lo que soy con ustedes. Para ustedes soy obispo. Con ustedes soy cristiano” (Sermón 340,1). 

Oración

Señor Jesús, te pedimos por todos aquellos a quienes has encomendado la responsabilidad de dirigir una familia, un barrio, una colonia, un país, para que podamos ser conscientes de la importancia que tiene el encargarse de los hermanos, y dediquemos nuestras vidas y salud al servicio de quienes son más débiles.

Acción

Esta semana preguntemos a aquellas personas que cumplen lo que les ordenamos, sea empleado(a), hijo(a), vecinos, etc. qué piensan acerca de la forma en que administramos la encomienda que Dios nos ha dado. Así podremos saber si ellos no se sienten “como ovejas sin pastor”.

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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