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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
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Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega”. Dijo también: “¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas”. Con muchas parábolas parecidas les exponía las palabras acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado. (Marcos 4,26-34)

El Reino de Dios es como…

P. Julio César Saucedo

¿Qué dice el texto?

En este pasaje evangélico encontramos dos parábolas acerca del Reino de Dios y en ambas, Jesús alude al uso de una imagen agrícola. 

En la primera parábola toda la atención se concentra sobre el grano sembrado en la tierra, el cual, independientemente del hombre y de sus circunstancias (duerma o se levante, de noche o de día) continua creciendo y desarrollándose hasta llegar a ser trigo. Importante es notar que el hombre interviene en dos momentos según el relato: al inicio cuando el hombre “echa el grano en la tierra” y al final, “cuando mete la hoz, porque ha llegado la siega”. La conclusión de esta parábola nos sumerge en el misterio de la creación, de manera que, en la obra hecha por Dios el hombre no hace más que sembrar, observar y cosechar, subrayando la gratuidad de los dones que Dios da como Padre; Él es el Señor y el hombre un humilde colaborador que espera participar de la alegría de la cosecha. 

En la segunda parábola, nuevamente en esta perspectiva agrícola, Jesús presenta bajo la pequeñez de un grano de mostaza (que según los expertos tiene una medida de 1,6 mm.) la potencia de la vida y su dinamismo impensable hasta hacerse “la mayor de todas las hortalizas”.

¿Qué me dice el  texto?

a) El Reino de Dios es gratuidad, y así como el grano sembrado en la tierra nos habla del maravilloso misterio de la creación, así Cristo sembrado en la tierra en su Pasión y muerte, resucita para hacernos partícipes de la cosecha de la vida divina. Ante esta acción libre y gratuita de Dios, el hombre se hace colaborador, dejándose modelar por la gracia que recibe en los sacramentos, por la escucha de la palabra y por la obediencia de la fe, teniendo la espera gozosa de participar de la cosecha eterna en la Casa del Padre. 

Dejarse modelar por Dios significa también ir conformando nuestra voluntad a la suya. Por lo que nos podríamos preguntar: ¿qué tanto cumplo la voluntad de Dios en mis quehaceres cotidianos? ¿Dios está presente en mis proyectos, o es al último a quien consulto? 

b) El grano de mostaza representa la pequeñez y la pobreza. Es en este reino en el que estamos tú y yo, con nuestras fragilidades, debilidades y pobrezas. Somos verdaderamente pequeños a los ojos de Dios, pero una vez que irrumpe la fuerza del Señor transforma aquello que parecía nada en un estupendo árbol donde albergan nidos de aves, que podríamos interpretarlos como las virtudes.

¿Cuáles son las flaquezas que estás dispuesto a trabajar ayudado con la gracia de Dios que te ofrece en sus Sacramentos? ¿Cuáles son las virtudes que necesitas cultivar en ti para transparentar la obra que Dios hace en ti? 

¿Qué me motiva a decir?

Señor, ayúdanos a concebir en nuestra mente y corazón buenos deseos para sembrar en la tierra obras que irradien tu misericordia, y progresando en el buen obrar, poder crecer en tu bondad hasta llegar a ser espigas que porten el fruto de un amor maduro a ti, el Sembrador eterno que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

¿Qué me motiva a hacer?

El texto menciona de una manera discreta el asombro del hombre que ve brotar y crecer el grano sembrado. Desafortunadamente, hoy en día por llevar una vida de mucha “prisa”, no percibimos aquellos detalles ordinarios que son extraordinarios. Por ello, te propongo que a lo largo de tus jornadas observes los pequeños detalles que hay a tu alrededor, agradeciéndole a Dios al finalizar tu día por la gratuidad de la vida, tuya y de tus hermanos.
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