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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
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Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído; arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben el veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y estos quedarán sano”. El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicción con los miagros que hacían. 
(San Marcos: 16,15-20)

Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva
P. Julio César Saucedo

¿Qué dice el texto?
El pasaje evangélico de este domingo puede ser considerado como un catecismo pascual, dado que se hace la exposición de tres hechos: la Ascensión del Señor (elevado), su glorificación (se sentó a la derecha de Dios) y el cumplimiento de la misión de los discípulos (salieron a predicar). Todo esto, precedido por la instrucción del Señor resucitado a los Once en la gran tarea de la misión, cuya universalidad viene connotada en dos frases: «ir por todo el mundo» y «a toda la creación».
Sin embargo, esta misión no se ha de entender como una obligación, sino que se vislumbra como un regalo, un don o una gracia, pues previo a este episodio, los discípulos en su tristeza (versículo 10) no quisieron creer ni en las palabras de María Magdalena (versículo 11), ni en aquellas de los dos discípulos que iban de camino a una aldea (versículo 13). Por lo que, en esta tercera ocasión, Jesús se encuentra con ellos transformando su incredulidad en servicio, haciéndolos testigos de su amor y misericordia. Un servicio que, por ende, escapa de sus méritos y se desenvuelve en una absoluta gratuidad de encuentro – cumplimiento. 
Ellos, haciéndose portadores del Evangelio, tendrán distintos escenarios según la libertad del hombre, pues habrá quien se adhiera o rechace con su indiferencia e incluso con hostilidad. De esta forma, se comprende que el Evangelio es gratuidad, no imposición. 
Por último, el Señor no está pasivo en la misión de los discípulos, sino que se convierte en su colaborador: «y el Señor cooperaba con ellos, confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban».

¿Qué me dice el  texto?
Al celebrar la Ascensión del Señor, hemos de recordar aquellas palabras de san Agustín: «Hoy nuestro Señor Jesucristo ha subido al cielo, suba también con Él nuestro corazón». En efecto, es en Dios en quien hemos de poner lo más íntimo de lo que somos, sabiendo que en Él está nuestro principio y nuestro destino. Sin embargo, elevar nuestro corazón a Dios no significa desatender nuestras obligaciones y compromisos que tenemos como miembros de una familia, de una comunidad y de una sociedad. Más aún, son estos los lugares donde hemos de llevar a cabo el cumplimiento de predicar el Evangelio. 
Sin embargo, para ser misionero se necesita ser antes discípulo; es decir, buscar los momentos de encuentro con el Señor, pues bien decimos: “nadie da lo que no tiene”; cómo anunciar a Cristo si no lo conocemos: ¿Tengo en mi jornada cotidiana espacios de oración? ¿Me he dado un tiempo para meditar algún pasaje del Evangelio en la semana? ¿Conozco mi fe? ¿Qué debo procurar en mi vida para atender la gratuidad de la misión? 
Elevar nuestro corazón a Dios no es desencarnarse de la realidad: ¿Soy testigo en mi familia y comunidad del amor de Dios? ¿Soy indiferente a lo que acontece en mi sociedad? ¿Qué compromisos tengo que adquirir para no ser lejano a lo que sucede en mi familia, comunidad y sociedad? No es suficiente criticar lo que ocurre en nuestra sociedad respecto al ámbito político; es necesario actuar para conformar un lugar más justo y digno. ¿Qué es lo que está en mis manos para construir una sociedad donde se respete la vida, se promueva a la familia y la dignidad de toda persona humana?

¿Qué me motiva decir el texto?
Señor mío Jesucristo, que con tu Pasión, Muerte y Resurrección nos haces partícipes de tu vida divina para conducirnos a la Casa de tu Padre, haz que el deseo del Cielo nos haga solícitos para cumplir tu voluntad y estar atentos a las necesidades de nuestro prójimo.

¿Qué me motiva hacer el texto?
El Señor no nos deja solos en esta gran tarea de la misión; es a Él a quien le agradecemos que el próximo 26 de mayo, la Arquidiócesis de México se goce por la ordenación de 16 sacerdotes. Por ello, te propongo que esta semana ofrezcas un momento de oración ya sea personal, en familia o en tu comunidad, para que estos neopresbíteros sean pastores según el corazón de Cristo.
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