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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
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Lectura del Santo Evangelio 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena. Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le oído a mi Padre. No son ustedes los que me han elegido, soy yo quién los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros” (San Juan: 15, 9-17)

Amor eterno

P. Julián López Amozurrutia

Lectura

“Permanezcan en mi amor”. Jesús habla desde el corazón y hacia el corazón de sus amigos. El contenido de su diálogo en el momento crítico de la despedida fue el amor. El ágape. En su raíz está el amor mismo de la Trinidad, de la cual el amor cristiano brota como de su fuente. “Como el Padre me ama, así los amo yo”. Estas palabras se encuentran en el fundamento de la conciencia cristiana. Hemos sido amados por Cristo, con el mismo amor que el Padre lo ama. Hemos sido arrollados por el amor divino. De él venimos y sólo en él nuestra vida puede ser plena; hacia él, también, caminamos. A partir de él se gesta nuestra vocación: “Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado”. Del mismo modo que Jesús no tuvo reparos en decir que Él nos ha amado como el Padre lo ama a Él, tampoco los tiene al indicarnos el estilo de vida que debe caracterizar a quienes hemos nacido de ese amor: hemos de amar en la misma medida en que hemos sido amados por el Señor. Tal es la estatura de nuestra condición bautismal. Y hemos sido amados por el amor más grande, el de la entrega de la vida por los amigos. Más aún, para entrar en ella hemos sido elegidos y destinados, antes de cualquier mérito o movimiento personal. Y hemos sido llamados amigos.
 
Meditación

La Pascua de Cristo nos convoca al amor. En ella no dejamos nunca de celebrar el inefable amor de Dios, que no escatimó nada por nuestra salvación. Pero no sólo hemos sido amados. La entrega de Cristo por nosotros tiene la dimensión inconcebible de la participación. Los amigos del Señor quedamos incorporados a su mismo amor. Somos elevados a la Cruz, a la estatura del amor oblativo, del que es capaz de todo, del único que puede obtener frutos sobrenaturales. Un tiempo como el nuestro, en el que se ha malbaratado el término “amor”, los cristianos recibimos la misión del amor más grande. Del amor que no busca sacar provecho, del amor que no se vende, del amor que no se arredra, del amor que sabe permanecer con la eternidad de Dios. “Amar”, profetizaba Gabriel Marcel, “es decir: ‘tú no morirás’”. El amor tiende a una vida sin fin. Para los seres humanos, ello puede parecer un espejismo de inevitable frustración. En Cristo sabemos que no es así: el amor que permanece es posible porque la eternidad del amor divino se nos ha entregado en Jesucristo. Y con este mismo amor, el único amor de verdad, los cristianos respondemos a nuestra vocación volcándonos al servicio desinteresado de nuestros hermanos.
 
Oración

Con amor eterno, Jesús, nos has amado. No hay amor más grande ni más estable que el tuyo, el mismo que es círculo perpetuo de vida entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Ese amor tomó la forma histórica de tu Cruz, y floreció como Pascua eterna para nosotros. Es el mismo amor que se derrama ahora sobre la Iglesia, tu Esposa, para que alcancemos en ella, por la efusión del Espíritu, hasta los últimos rincones de la tierra. Jesús, hay muchos vacíos de amor en el mundo. Gracias por hacernos embajadores tuyos de amor y de servicio. Ayúdanos a permanecer en ti, en tu amor, como amigos fieles que conocen la intimidad del amor y la comparten con plenitud de alegría.
 
Contemplación

La voz del corazón de Jesús toca mi corazón. “Permanezcan en mi amor”, nos repite. En la vibración de mis fibras más íntimas estas palabras me tocan y me encienden. Permaneceré en tu amor.
 
Acción

Amaré, sin temer el sacrificio. Compartiré este don de júbilo pascual, sobre todo ante aquel rostro que encontraré desamparado.
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