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Lectio Divina - Evangelio Dominical



Lectio Divina
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Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, Él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto. Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante, porque sin mí nada puede hacer. Al que no permanece en mí se le echa afuera, como el sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”. (San Juan: 15, 1-8)

Señor, no permitas que me aparte de Ti

P. Salvador Martínez Ávila

Meditación

La parte del discurso de Jesús que leemos este domingo se encuentra dentro de los discursos del Señor Jesús en la Última Cena. De hecho, se trata del segundo discurso cuyo énfasis consiste en hacer comprender a los discípulos cuál será su misión. La primera gran tarea dentro de la misión que les espera es permanecer unidos a Jesús. Tratemos, para iniciar nuestro ejercicio, de imaginar la escena de la Última Cena como si fuéramos uno de los discípulos del Señor. Ubiquémonos en ese ambiente cercano, agradable, miremos al Señor Jesús que nos habla y de vez en cuando fija la mirada en la mía. Lo primero que puedo preguntarme es cómo me sentiría yo escuchando las palabras de Jesús: “yo soy la vid y ustedes los sarmientos…”, “sin mí ustedes no pueden dar fruto…”, “el que permanece en mí dará mucho fruto”… Tratemos de traducir estas metáforas en frases más directas como: “si escoges estar conmigo darás fruto…”,  “apartado de mí, desperdiciarás tu vida y será infecunda…” ¿Lo que debieron sentir los discípulos es lo mismo que yo siento al escuchar estas palabras? Si yo no siento lo mismo que debieron sentir los discípulos, ¿a qué lo puedo atribuir? Si, por el contrario, identifico en mí los mismos sentimientos, ¿cómo es que he llegado a esta situación de cercanía e intimidad? (concédete unos minutos de silencio interior para descubrir una respuesta). Nuestra relación con Dios involucra nuestros pensamientos, puede también involucrar nuestra imaginación y nuestras emociones, pero no se reduce a lo que pensamos, imaginamos o sentimos. Explorar nuestras emociones en la relación con Nuestro Señor ciertamente enriquecerá nuestra experiencia de oración pero no la determinará. Por ejemplo, yo puedo sentirme muy emocionado imaginando que participo en la Última Cena del Señor. ¿Quiere decir, por ello, que mi relación realmente es de mucha intimidad con Dios? No necesariamente. Al hablar Jesús de permanecer unido a Él no solamente se refiere a los aspectos emotivos, es importante preguntarnos qué tanto nuestras obras manifiestan nuestra comunión con el Maestro. Estar unido a Jesús es la condición para que nuestra vida cristiana fructifique, por tanto, es importante analizar mis afectos hacia Él, mis acciones y mis pensamientos.

Contemplación

Podemos hacer un ejercicio contemplativo a partir de una posible respuesta al discurso del Señor. Si Él nos dice que permanezcamos unidos, entonces elaboremos una breve oración respondiendo a este llamado. Por ejemplo: “creo que solamente unido a Ti daré fruto…”, “Señor no permitas que me aparte de Ti…” (como siempre hay que repetir muchas veces esta breve oración). Si nuestra imaginación y el estado de ánimo lo permiten, también podemos imaginar un largo rato de presencia y cercanía con el Señor: “yo estoy aquí, Tú estás aquí …estamos unidos”.

Oración

Señor Jesús, en algunos momentos y en algunas ocasiones me sucede como a Pedro y los otros en el monte Tabor que quisiera quedarme lleno de emoción en tu presencia. Pero son más frecuentes las veces que me asaltan emociones contradictorias y violentas. Cuando quisiera unirme a Ti, viene la tiranía de mis preocupaciones y problemas que reclaman mi atención y pruebo la impotencia de deshacerme de ellas. ¡Cuántas veces desearía que prevaleciera la paz y la unión contigo! No permitas, mi Jesús, que sucumba a la tentación de querer solucionarlo todo sin estar unido a Ti; creo firmemente que por esa ruta solamente encontraré fracaso y mucha violencia. Escucha mi oración, Tú que vives y reinas por los siglos. Amén.

Acción o compromiso

Si hemos encontrado alguna luz a lo largo de esta meditación será importante que hagamos un propósito que haga perseverar y acrecentar la luz encendida. Por ejemplo, si descubro que el Señor me invita a dedicar un poco más de tiempo a Él en la oración cotidiana, hacerme el propósito de encontrar lugares y tiempos específicos. Muchas veces los lugares más aptos serán los menos pensados o que supondríamos apropiados para la oración. Sé de un joven que se propuso ir diario a la Iglesia para orar, nunca cumplió su compromiso, ante esta dificultad, se propuso orar mientras viajaba de su casa a la escuela, esto le tomaba más de media hora. Sus logros y progresos fueron mayores.
Escrito y/o Publicado por:

Pbro. Salvador Martínez Ávila
Articulista
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