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Arte para Jóvenes - Cine



500 días con ella
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“Yo no quiero terminar, quiero que vuelva”.
Lo primero que dice el narrador al inicio de la película es: “Esta es la historia de un muchacho que conoce a una muchacha, pero no supongan nada, ésta no es una historia de amor”. Estamos advertidos.
Tom es un joven arquitecto que por azares del destino termina trabajando en una empresa dedicada a la elaboración de tarjetas de regalo; su vida es monótona y sencilla, y por lo mismo pacífica; no hay más en su día a día que trabajar e ir a casa, o pasar tiempo con los amigos. El joven Tom creció creyendo que nunca sería feliz, hasta que conoce a la “chica de sus sueños”, pero muy a su pesar, la joven de la que se enamora no cree lo mismo. La chica se llama Summer, quien un buen día irrumpe en su trabajo –y en su vida– por sorpresa. Para Tom es imposible resistirse a ella: ojos azules, cara bonita, y sobre todo, gustos musicales parecidos. Él considera que Summer es la chica perfecta, aunque su joven hermana le advierta: “No porque a una chica le guste la misma basura que a ti, significa que sea tu alma gemela”. 
La película se maneja de forma veloz, ya que nunca nos muestra la historia de forma lineal; escena tras escena son saltos entre esos 500 días de los que nos habla el título: desde el enamoramiento hasta la profunda depresión en la que cae nuestro protagonista.
Veremos a Tom analizado cada segundo de la relación para encontrar el momento en que el resorte se reventó, trata de dar sentido a la incongruente línea temporal entre la felicidad y la ruptura. ¿Por qué?, ¿qué hice mal?, ¿qué tiene él que no tenga yo? Después de los cuestionamientos, llega un atisbo de esperanza que engañosamente le hace pensar que puede recuperar la relación.
500 días con ella no significa que son esos días los que estarán juntos, sino los 500 días en que ella estará con él de una u otra forma. Sí, no es una película que hable sobre el amor directamente. Como rezaba la propaganda de la película: “Él se enamoró, Ella no”. Y muy a pesar de todo no podemos culparla por no haberlo hecho, pues en el corazón no se manda.

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"Desde la Fe" Redacción
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