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Vida Arquidiocesana



¡Gracias! ¡Bienvenido!
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Mensaje de los laicos

Eminentísimo Cardenal Don Norberto Rivera

Los laicos y laicas queremos expresarle nuestra gratitud por los años que como Pastor ha guiado al Pueblo de Dios que peregrina en la Ciudad de México. 

Veintidós años de servicio se dicen fácil, pero implicaron esfuerzo, trabajo y visión pastoral. Durante su misión episcopal, se lanzaron semillas, se dieron pasos significativos y cosecharon frutos, especialmente con los laicos. Estamos alegres por el rumbo pastoral por el que condujo a la Arquidiócesis. Sus Orientaciones Pastorales, año con año, pusieron sólidos cimientos para la evangelización y el impulso de los laicos, dando continuidad al II Sínodo.

De 1995 a la fecha los laicos no somos los mismos. Hemos caminado, trabajado y crecido junto a usted. Muchos, nos asumimos protagonistas de la evangelización de las culturas, hemos afianzado nuestra conciencia misionera, haciendo nuestra la Misión Permanente y el compromiso en la vida pública.

En las Orientaciones Pastorales del 2014, usted hablaba de la necesidad de dar más espacio de participación de los laicos, especialmente a la mujer (cf. no. 34 y 65). Le estamos agradecidos por la confianza depositada en numerosos laicos, haciéndonos colaboradores en diversas áreas pastorales y comisiones. Resulta significativo que durante su gobierno pastoral, se hayan realizado varios Congresos de Laicos, encuentros con jóvenes, movimientos y asociaciones laicales, que exista un Consejo de Laicos. Agradecemos especialmente se haya invertido en la formación de agentes. El itinerario formativo de la Arquidiócesis es pionero en México, brinda formación a numerosos bautizados de la Ciudad e incluso es solicitado en otras diócesis. 

Por todo ello, y muchas otras acciones que en este breve espacio no es posible enlistar, los laicos de la Arquidiócesis le reiteramos nuestro reconocimiento y pedimos que Dios lo acompañe con su bendición para la nueva etapa que comienza. ¡Enhorabuena! ¡Y gracias!

Eminentísimo Cardenal Don Carlos Aguiar

Los laicos de esta Arquidiócesis le damos la más cordial bienvenida. Sabemos de su trayectoria, de su talento y experiencia, y estamos alegres por su nombramiento. Lo recibimos con los brazos abiertos como nuestro Pastor.

Queremos que sepa, que en esta diócesis hay muchos laicos y laicas entusiastas, inteligentes, deseosos de aportar y dispuestos a colaborar con usted en hacer realidad el sueño del papa Francisco de ser una Iglesia en salida. Sabemos que el desafío de la Ciudad de México es enorme y de gran complejidad, pero tenemos esperanza. El proyecto pastoral que hemos trabajado nos ha encaminado ya en esa dirección.  

Percibimos que falta mucho por edificar, pero confiamos en que su sabiduría, inteligencia y experiencia nos guiará a renovar e impulsar aún más lo que ya se ha construido en favor de la evangelización, bajo un modelo de Iglesia participativo.

Los laicos estamos orgullosos de nuestra unción bautismal, nos asumimos laicos y laicas en salida y le pedimos nos ayude a abrir mayores espacios de participación, para que, junto con los demás miembros de la Iglesia, seamos partícipes y protagonistas del Reino en la Iglesia y en nuestra Ciudad. Asumimos nuestro llamado a ser levadura en el mundo y queremos soñar en grande para incidir en las realidades necesitadas de justicia, amor, paz y misericordia. Don Carlos ¡cuente con nosotros!
A nombre todos los laicos, la Mtra. Leticia Estrada Silva.

Mensaje del Ministerio Ordenado

“¡Qué bueno es el Señor! Su misericordia permanece para siempre, y su fidelidad por todas las generaciones” (Sal. 100, 5).

Las diócesis en su diversidad y complejidad, somos esta porción del pueblo de Dios guiada por un sucesor de los apóstoles, vínculo necesario de nuestra participación en la gracia y en la vida que Cristo nos da. Hoy nos reunimos en esta Madre Iglesia Catedral como lo que somos, hijos de un mismo padre, para darle gracias a Dios por su misericordia y fidelidad, por proveernos siempre de pastores que nos guíen en esta Iglesia que peregrina en la Arquidiócesis de México.
Como no agradecer a Dios por la persona y el ministerio del Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, por tanto bien que nos ha hecho, con las más simples palabras quisiera expresarle a usted la más grande y sincera gratitud que brota de mi fe. Gracias porque ha sido entre nosotros reflejo del Padre y presencia del Hijo cabeza, pastor, maestro y esposo. Gracias por mostrar bondad, solicitud, misericordia, dulzura, consuelo y autoridad de Padre ante este pueblo. Gracias por ser valiente y generoso como el Buen Pastor, por defender a las ovejas, por ir delante para guiarnos, ir en medio de nosotros para acompañarnos y detrás para que no se perdiera ninguno. Gracias por nunca cansarse de anunciar la palabra de Dios y enseñarnos a defenderla. Gracias por ese amor esponsal, comprometido y abnegado con el que ha permanecido en esta Iglesia particular.

Le agradecemos por administrar la gracia que Cristo nos da por medio de los sacramentos, por confirmarnos en la fe, alentarnos en la esperanza y unirnos en la caridad, por haber hecho partícipes a tantos del don inmerecido del orden sacerdotal y ayudarnos a apreciar tan sublime vocación. Como sacerdote puedo comprender y agradecer a usted por tantos momentos de oración de intercesión por su pueblo, por los tiempos de reflexión y silencios que lo llevaban a la contemplación de la palabra, por su predicación, por sus trabajos apostólicos y pastorales; pero también por haber vivido gozos y esperanzas, angustias y tristezas, por sus motivaciones y sufrimientos, por sus desvelos, por los momentos de gratificación y de incomprensión, por su entrega total por nosotros. Sr. Cardenal, que Dios nuestro padre lo siga colmando de su misericordia y no olvide que siempre nos tendrá cerca y que estaremos orando por usted. Lo encomendamos a Santa María de Guadalupe para que lo acompañe con su protección.

También agradecemos a Dios por su providencia, por permitir tener entre nosotros al Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes. Hoy damos gracias por usted, y pedimos gracia junto con usted. Dios lo desarraiga en muchas ocasiones para poner sus pies en movimiento como lo hizo con nuestro padre en la fe (Gn. 12, 1) para asomar sus ojos a un horizonte distinto y deslizar en sus manos una nueva encomienda con la que se sigue experimentando la misericordia de Dios. A él pedimos que nos permita seguir escribiendo con su vida y ministerio la historia de salvación de este pueblo, permítanos ayudarle como colaboradores suyos a ser instrumentos de santificación, maestros de la fe y ministros de la gracia para esta porción del pueblo de Dios que ahora la Madre Iglesia confía a su cuidado. Queremos junto con usted sentir el latido de nuestro pueblo que sigue necesitando de un Dios vivo. Con ello manifestamos nuestra fraterna adhesión y sincera obediencia junto con nuestra oración por su persona y ministerio. También le pedimos a la madre de Dios que lo acompañe en todo momento en esta nueva tarea como pastor. Hoy lo recibimos con mucho cariño.


A nombre del ministerio ordenado, el Pbro. Lic. Mario Alberto Cruz Martínez.

Mensaje de la Vida Consagrada

Doy gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús (1 Cor, 1,4)

De todo corazón damos gracias a Dios, nuestro Señor, por mirar con ternura y misericordia a nuestra querida Arquidiócesis de México, dándonos Pastores según su corazón. 

Hoy unidos en Cristo, como Iglesia y específicamente a nombre de la Vida Consagrada presente en la Arquidiócesis de México, queremos expresar nuestra profunda gratitud al Emmo. Sr. Cardenal, Norberto Rivera Carrera, Arzobispo emérito de nuestra Arquidiócesis, por su entrega generosa en la misión encomendada a favor del Pueblo de Dios, por permitirnos a la Vida Consagrada, servir al Señor y a nuestros hermanos, desde nuestros carísimas y ministerios, por acompañarnos y alentarnos en nuestra misión evangelizadora. Gracias por su testimonio, su fe, el valor y la confianza vividos, sosteniéndose en fidelidad al Magisterio del Santo Padre, en sus diferentes épocas; respondiendo con audacia, sencillez, firmeza y rectitud, ante los desafíos y acontecimientos de la historia en nuestra Patria. 

Que el Señor, que mira el corazón y conoce todas las acciones, recompense la ofrenda de su vida y de su ministerio en la Arquidiócesis de México; la nostalgia de esta etapa que concluye, lleva nuestra más sincera gratitud y reconocimiento, junto con nuestra oración por sus necesidades e intenciones; que el Espíritu del Señor lo siga asistiendo y fortaleciendo en esta nueva etapa de su vida y vocación; que nuestra Madre Santísima de Guadalupe, pague el cuidado que tuvo en cumplir su mandato, como se lo prometió a su querido hijito Juan Diego; Dios lo bendiga Don Norberto.

Desde el anuncio de su nombramiento al día de hoy, Emmo. Sr. Cardenal, Carlos Aguiar Retes, nuestro corazón se dispone y se congratula al reconocerle como nuestro nuevo Pastor, mediante el cual, el Señor nos apacentará y al mismo tiempo nos enviará al cuidado pastoral y caritativo de nuestros hermanos; aquí estamos Don Carlos, lo recibimos con gran afecto y le decimos: la Vida Consagrada quiere vivir, en comunión con Usted, la expresión y vitalidad de sus carismas, don de Dios para la Iglesia; nos reconocemos en camino, depositarias de un bien que humaniza, como lo dice nuestro amado Papa Francisco en Evangelii Gaudium; nos sabemos apóstoles de Cristo, heraldos del Evangelio de la vida, como Santa María de Guadalupe; nos ubicamos frente a tantos hermanos que, desde su dignidad de hijos de Dios, en situaciones de pobreza material y espiritual, enfermos, migrantes, mujeres, niños, jóvenes, familias, trabajadores, claman vida nueva, paz, justicia, misericordia, en fin, la vida misma de Jesucristo, que es Camino, Verdad y Vida; con Usted, en humildad y alegría, queremos ponernos como instrumentos del Señor, para seguir sembrando la semilla del Reino, desde la comunión, el discernimiento, la escucha atenta de la Palabra y de los signos de los tiempos, desde la constante intención de mantenernos con un espíritu renovado, abierto, dispuesto a salir al encuentro del hermano, en nombre de Dios y de la Iglesia, respondiendo así a las necesidades y miserias que hoy nos aquejan. 

Reciba nuestra adhesión y obediencia, cuente con nuestra oración. Que la vitalidad de Cristo Resucitado, con los dones de su Espíritu, sea la fuerza que anime su interior, fortalezca su misión y lo haga testigo fiel y audaz del Evangelio de la alegría, de la paz, de la justicia, de la integridad en todos los ambientes y circunstancias; rogamos a nuestro Santo Patrón, San Felipe de Jesús, que lo proteja y acompañe en su ministerio y que nuestra Madre Santísima de Guadalupe, Discípula Misionera, lo lleve a dar, como Ella, al verdadero Dios por quien se vive, prodigándole siempre, todo su amor, compasión, auxilio y defensa. ¡Bienvenido a su Arquidiócesis!

A nombre de la Vida Consagrada, R.M. Elva Guadalupe Ruiz Bueno, 
Superiora General de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe.
Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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