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Dios, la medicina de mi alma
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Mi nombre es David Salazar Nieto y comparto con ustedes mi historia vocacional. Aproximadamente desde los 10 años, cuando iba a la catequesis, me llamó la atención la vocación sacerdotal; sin embargo, como se dice coloquialmente, mi familia es católica no practicante, por lo que al mencionar esa inquietud a mi madre, ella me dijo que siguiera en la escuela y después ya vería. Así fue que comencé a ir solito de vez en cuando a Misa. En 1998, antes de entrar al Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Sur, mi hermana mayor falleció de asfixia por atragantamiento de lengua, a causa de un ataque epiléptico; la forma en que abordó el médico su muerte, infligió en mi mucho dolor; eso, aunado a la impotencia de no poder hacer nada para ayudarla, despertó en mí el deseo de ser médico y ofrecer a las personas una atención más humana que la de ese doctor; sentí entonces que tenía dos vocaciones: la Medicina y el sacerdocio. Sin embargo, a los nueve días de la muerte de mi hermana, se realizó una Misa para ella; al oír la homilía del sacerdote, recibí consuelo, paz y esperanza, pero sobre todo palpé la presencia de Dios, y eso me hizo inclinarme por el sacerdocio.

Ingresé de cualquier forma al CCH Sur; al platicar con mis amigos ese deseo de ser sacerdote, ellos opinaban que iba yo muy bien en la escuela, y que si realmente lo que quería era ayudar a las personas, hiciera algo más útil; en cambio, al mencionarles la opción de estudiar Medicina, me apoyaban totalmente. La idea también me agradaba, así que decidí ingresar en la Facultad de Medicina de la UNAM. Desde el inicio, la carrera de médico me cautivó, pero no dejaba de perseguirme ese deseo de entrar al Seminario. Así fue que, estando ya en el tercer año de la carrera, me acerqué por vez primera a un padre y se lo planteé. Era el P. Miguel Ángel Molinero, quien me dijo que la vocación al sacerdocio era larga, y que yo ya estaba muy avanzado en un camino, por lo que me sugirió terminar mis estudios. Aunque también me dijo que si mi vocación era Dios, seguramente regresaría.

No me fue difícil seguir su consejo, puesto que la Medicina me apasionaba. Pero después él mismo me invitaba constantemente a los grupos parroquiales de Jóvenes, Liturgia, Ministros, y aunque para eso ahora me faltaba tiempo, el hecho de recibir la confianza del padre, y sentir su cercanía, me generaba una inquietud cada vez mayor por ser sacerdote. Culminé mis estudios de Medicina en 2008; ejercí durante dos años mi profesión de tiempo completo, hasta que el 7 de enero de 2010 comenté al P. Miguel Ángel que seguía en mí la misma duda de antaño, y él de inmediato me llevó a conocer el Seminario Conciliar. Estuve medio año en acompañamiento vocacional, sin hacerlo del conocimiento de mi familia; así que cuando finalmente les planteé la situación, les fue difícil aceptarlo, pues veían en la Medicina mi realización como persona. En medio de ésta dificultad, con el apoyo fundamental del P. Miguel Ángel, confirmé mi decisión, e ingresé al preseminario el 8 de agosto de 2010.

En este caminar que Dios me ha brindado hasta hoy en el Seminario, puedo compartir que la vocación sacerdotal ha sido medicina para mi alma, y con la salud que Dios me da, espero que su salvación llegue a quienes Él me encomiende.
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