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Desde niño jugaba a ser sacerdote
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Antonio Flores Martínez tiene 21 años de edad, es originario de Tuxtepec, Oaxaca, estudia el Curso Introductorio en el Seminario Conciliar de México, y en este número comparte cómo recibió el misterioso llamado de Dios.
Yo vengo de una familia muy religiosa. Siempre íbamos a Misa, y por eso desde pequeño mi juego favorito era imitar al sacerdote. Usaba una camisa grande como sotana, juntaba a todos mis primos y amigos, y hacía como que celebraba la Misa; para dar la hostia cortaba tortillas. Pese a ello, mi familia nunca imaginó que quería ser sacerdote.
Cuando tenía ocho años llegó a mi pueblo un sacerdote nuevo, mi familia lo invitó a cenar y el padre me preguntó si quería ser parte de su equipo como servidor del altar, porque los monaguillos se habían ido. Yo no sabía qué era eso, pero le dije que sí, y poco a poco fui aprendiendo sobre la liturgia.
El sacerdote se llama José Isabel Macías Alcalá, de los Misioneros de la Natividad de María; él influyó mucho en mi vocación, pues era un ejemplo a seguir: se daba a la gente, era amable, cariñoso, trabajador; él me motivó mucho, me invitó a ser sacerdote, me explicó lo trascendental de entregarse en cuerpo y alma a la misión, y sobre todo a Cristo y a su Iglesia; me contaba cómo era la vida del seminario, los deportes, los estudios, la oración y la fraternidad, todo eso me causó mucha curiosidad.
Cuando terminé la secundaria estaba decidido a entrar al seminario, se lo conté a mi abuela y se puso muy contenta, pero no así mi papá, pues él tenía otros planes para mí, quería que le diera nietos, ya que soy hijo único. El padre José Isabel y mi abuela me aconsejaron que no me desanimara, que entrara a la preparatoria, y si después de terminar seguía convencido de entrar al seminario, ellos me apoyarían.
Entré a la preparatoria en Oaxaca, pero me di cuenta de que lo que estaba haciendo no me hacía feliz, sólo estando en Misa o en la iglesia me sentía pleno.
Cuando terminé, mi amigo sacerdote me ayudó a ponerme en contacto con un seminario en León, pero no me gustó la formación; me vine entonces al DF con mi mamá y estuve trabajando un año; en las redes sociales un sacerdote me recomendó el Seminario Conciliar de México, estuve investigando, y me mandaron a Tlalpan donde gracias a Dios me recibió muy alegre el P. Eduardo Gallegos, me aceptaron, y ahora estoy muy contento formándome y esperando que Cristo lleve a feliz término lo que ha iniciado en mí.

Si sientes el llamado de Dios puedes informarte en la página web del Seminario Conciliar de México: www.conciliar.mx, en el Facebook: Seminario Conciliar de México o al teléfono: 5573 2222 ext.3


Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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