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¿Qué significa la Santa Cruz para nuestros albañiles?
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El maestro Ismael Sánchez, quien trabaja en la construcción de obras, habla sobre su fe y relata algunas experiencias en torno a la festividad del 3 de mayo.


Hoy, como cada 3 de mayo, nuestros albañiles llevarán una cruz a bendecir a alguna parroquia, una cruz florida que después colocarán en lo alto de la obra; esto como el inicio de una festividad anual en la que el dueño de la construcción acostumbra agasajarlos con una buena comida para conmemorar la Santa Cruz de Cristo. Sobre lo que representa la Santa Cruz para los trabajadores de la construcción, nos habla el maestro Ismael Sánchez, de 39 años de edad, originario de Toluca, quien lleva tres lustros trabajando como albañil.
“Cuando yo era niño –cuenta Ismael Sánchez, con los ojos pasajeros del recuerdo– mis padres nos decían a mis hermanos y a mí que Dios nos veía desde arriba y que si hacíamos cosas malas Él iba a hacer que nos fuera mal, que nos iba a castigar. Uno le tenía miedo a Dios, por creer que era alguien que sólo quería castigarnos. Yo hacía muchas maldades y, como nunca venía ningún castigo, a veces me quedaba viendo hacia el cielo, preguntándome si era cierto lo que me decían, si alguien estaba vigilándome. Sentía que sí. Pero como no me ocurría ningún accidente, y como toda mi familia estaba completa y unida, llegué a tener el convencimiento de que Dios no era malo; al contrario, que era alguien que nos quería”.
Comenta que a muy temprana edad empezó a trabajar en el campo, al lado de sus hermanos y amigos, y que en aquel entonces, antes de salir a la labor, su madre lo persignaba y lo encomendaba a Dios. “Pero cuando cumplí 11 años mi madre murió, y comencé a ver las cosas de otra manera, con mucho coraje; mi padre no soportó su fallecimiento, se tiró al vicio y se desatendió de nosotros. A mis hermanos y a mí nos llevaban a vivir de un lado a otro, a la casa de un tío, a la casa de otro, y así andábamos. Comencé a pensar que lo que nos decían antes era verdad, que Dios era malo”.
Ismael señala que al paso de los años, Dios dejó de interesarle, y que la figura de Cristo ya no le inspiraba nada; “ahora todo era estar en el vicio, hasta que, a los 25 de edad, ya no pude más con el alcohol, por lo que le pedí ayuda a Él. Y parece que me dijo ‘aquí estoy’, porque fue el tiempo en que dejé de beber”. 
Dice que por eso, ahora cada 3 de mayo él celebra con entusiasmo, “y sin alcohol”, la fiesta de la Santa Cruz. “Colocamos la cruz en todo lo alto, para que Cristo nos ayude a que la obra no se caiga, como si Él estuviera supervisando nuestro trabajo, y también para que nos cuide, porque nosotros siempre estamos expuestos a peligros; a veces debemos trabajar en las alturas, en construcciones de varios niveles. Y luego de que ponemos la cruz bendecida, el dueño de la obra nos ofrece una comida, y ahí convivimos todos”.
Ismael recuerda que una vez, al terminar de echar una losa, colocaron la cruz, pero como el dueño no estaba, creyó que se irían sin comer y sin festejar. Cuando llegó el dueño, cuenta, lo primero que les preguntó es si ya habían colocado la cruz, después que si ya habían ido a Misa; pero no decía nada del festejo. “El dueño hizo como que se iba, pero luego regresó, nos dio dinero extra y un pollo para cada uno”. Cuenta que en otra ocasión, ya noche, estuvieron buscando junto con la dueña de la obra una iglesia abierta para bendecir una cruz  que ella compró en Chalma, y que para esa hora aún no habían comido. “Encontramos al fin donde bendecirla y regresamos a la obra a ponerla. ¡Cuál fue la sorpresa! No festejamos en la construcción. La dueña nos llevó a un lugar donde había pasteles, pollos, tacos, malteadas, café, té”. 
“Debemos confiar en Dios, Él es el único que nos puede socorrer en nuestro trabajo; debemos encomendarnos a Él, no salir de casa como los burros, pensando sólo en lo que vamos a obtener. Hay alguien que nos cuida. ¿Y quién es ese? Pues quién más que Cristo”, finaliza el maestro Ismael Sánchez. 

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