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“La muerte por asesinato ya no nos conmueve”, lamenta el Card. Rivera Carrera
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III Visita Pastoral / Vicaría III. Decanato 5

“La muerte por asesinato ya no nos conmueve”,
 lamenta el Card. Rivera Carrera

Concluye el Arzobispo de México su Visita Pastoral por la III Vicaría exhortando a los fieles a pedir perdón a Dios por las ofensas. 

Vladimir Alcántara
El jueves 15 de enero, el Arzobispo de México, cardenal Norberto Rivera Carrera, concluyó su Visita Pastoral por la III Vicaría “San Felipe de Jesús” al acudir a la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en la colonia Aviación Civil, de la delegación Venustiano Carranza, en el quinto Decanato.
Luego de dar un breve paseo por las inmediaciones, saludando y bendiciendo a la gente de la colonia, el Card. Rivera Carrera se reunió en el recinto con la feligresía y con los sacerdotes de las parroquias, rectorías y capillas que integran el Decanato, para escuchar los logros, proyectos, expectativas e inquietudes de la comunidad de jóvenes y de los grupos que trabajan en la Iglesia. 
El decano, P. Enrique García Mejía, abrió la reunión ofreciendo al Arzobispo un panorama general de la comunidad eclesial, destacando las debilidades y fortalezas del Decanato. Al respecto, expresó que entre las fortalezas se cuenta con grupos de gran experiencia, como el Movimiento Familiar Cristiano y Escuela de Pastoral; se trabaja sobre un proyecto de Catequesis que ha ido despertando el sentido misionero en niños y padres de familia, y en la mayoría de las parroquias se tiene una pastoral socio-caritativa. 
Entre las debilidades del Decanato resaltó que las festividades religiosas frecuentemente tienden a desviarse de su intención, ocasionando problemas de tipo social, como son drogadicción, alcoholismo o vandalismo; y por otra parte, se requiere mayor apertura y confianza de algunos sacerdotes hacia los trabajos que los laicos pueden desempeñar.
Para explicar al Card. Rivera Carrera la situación que actualmente se vive en el Decanato, tomaron también la palabra una integrante del grupo de Misiones, quien habló sobre la formación que reciben por parte de los sacerdotes y que a su vez ellos ofrecen a otros miembros de la comunidad; así como dos miembros de la Pastoral Juvenil, quienes hicieron un recuento de las acciones que han llevado a cabo desde inicios del año pasado, durante el cual han visitado las distintas parroquias para invitar a jóvenes a participar en los trabajos que tanto la Arquidiócesis como la III Vicaría han planteado como prioridades. 
El Card. Rivera Carrera vio a los jóvenes con gran entusiasmo; sin embargo, los exhortó a lograr que todas las parroquias participen en los deberes pastorales, a organizar adecuadamente los trabajos litúrgicos y misioneros, y sobre todo a poner en el centro de todas sus acciones el encuentro con Cristo, como Camino y Pastor. En este sentido, compartió una experiencia que tuvo, cuando convocó a un grupo de jóvenes profesionistas ajenos a la Iglesia a integrar una Pastoral Social, quienes se rehusaban a tal iniciativa argumentando que no querían participar en cosas de la religión; así, él les dijo que no pretendía que fueran jóvenes de Iglesia, sino sólo que se organizaran para ir los barrios más pobres, ver sus necesidades y hacer un proyecto de trabajo con esa gente. Al final aceptaron, concretaron buenos proyectos y cuando cumplieron un año, se le acercó uno del grupo preguntándole si no habría Misa por su primer aniversario, pues quería dar gracias a Dios por haberlos llamado a trabajar.  
Al término de esta reunión, el Arzobispo de México celebró la Santa Eucaristía, en cuya homilía dijo que el Señor nos pide claramente no endurecer nuestro corazón. Sin embargo, externó que muchas veces, cerca de nosotros hay gente que se está muriendo de hambre, y eso es algo que ya no nos conmueve. No nos llama la atención la vida humana que es sacrificada por el crimen organizado o por alguna venganza, tampoco la vida humana que no es respetada en el seno de la madre, todo lo cual es producto de tener un corazón endurecido; de manera que es necesario reconocer nuestros pecados y pedir perdón a Dios por las ofensas, para que Él nos ayude a cambiar de vida. 
Cerca de nosotros, finalizó, hay mucha gente que ni siquiera ha tenido la oportunidad de encontrarse con Dios, de modo que la comunidad cristiana debe organizarse para llevar a Cristo a los demás y que descubran su vida ante Él. Entonces, Nuestro Señor, y no nosotros, los sanará.

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"Desde la Fe" Redacción
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