Órgano de Información de la Arquidiócesis de México

Vida Arquidiocesana



Entrevista al Cango. Darío Bragado Rodríguez
-
Disminuir Texto Aumentar Texto Enviar por Email Imprimir
Entrevista al Cango. Darío Bragado Rodríguez

“Los beneficios que me ha concedido 
Dios se notan nada más mirándome”

El pasado 6 de enero el canónigo de la Catedral Metropolitana celebró 60 años de ordenación sacerdotal. 

Zoila Bustillo
El martes 6 de enero, en la Catedral Metropolitana ―el mismo lugar donde hace 60 años recibió la ordenación sacerdotal y donde ahora ocupa el cargo de Arce Deán―, el P. Darío Bragado Rodríguez dio gracias a Dios por todos los beneficios que le ha concedido en este tiempo a su servicio, y que ¬–dice sonriente– “se notan nada más mirándome”.
  “No puedo más que dar gracias por tantas bendiciones, estoy encantado de ver la bondad de Dios, que a mis años me permite seguir trabajando, porque ser sacerdote es una bendición de Dios que si se cumple como se debe, el Señor va a tener mucha misericordia de nosotros”, expresó el P. Bragado Rodríguez, quien desde hace 15 años es canónigo de la Catedral Metropolitana.
A sus 85 años de edad, pero con mucha entereza física ―ya que le encanta caminar y procura moderar su alimentación―, el P. Darío compartió con el semanario de Desde la fe su alegría por sus 60 años de sacerdocio.
Recuerda que a los 12 años de edad ingresó al Seminario Menor, que estaba en Temascalcingo, Estado de México, porque en aquel entonces la Arquidiócesis de México se extendía hasta Toluca y sus alrededores. 
Fueron muchos años de estudio y de dudas, hasta que finalmente el 6 de enero de 1955, en el recién restaurado Altar de los Reyes de la Catedral Metropolitana, el entonces arzobispo de México, Mons. Francisco Orosco y Lomelí, lo ordenó sacerdote, junto a otros dos de sus compañeros. “Fuimos como un regalo de Reyes para la comunidad”, dice sonriendo. 
–¿Cómo descubrió el llamado al sacerdocio?
–No hubo nada extraordinario, mi familia era profundamente católica, sobre todo mi padre, y creo que ahí nació el deseo de seguir el camino del sacerdocio, que también siguió uno de mis siete hermanos y dos sobrinos; pero también fue motivado por el ejemplo de Mons. Arturo Vélez Martínez, primer obispo de Toluca, quien fue párroco en mi lugar de origen, Villa Cuauhtémoc. Él fue quien me invitó a entrar al Seminario y, sin pensarlo mucho, más como un chiquillo con deseos de superarse, le dije que sí.
–¿Cómo fueron los tiempos en el Seminario?
–Con la dirección espiritual y ejemplo de los formadores fui madurando y descubriendo la posibilidad de tomar la decisión de ser sacerdote. Con múltiples dudas fui avanzando hasta los estudios de Teología y me costó trabajo dar el sí definitivo, pero en los dos últimos años de formación me decidí por seguir ese deseo de servir a los demás en las diversas ramas del ejercicio sacerdotal, que entonces, gracias a Dios, ya conocía.
–¿Cómo han sido estos 60 años de sacerdocio?
–Dios me ha dado la oportunidad de ejercer mi ministerio en pocos lugares, pero muy significativos. Durante 23 años fui formador en el Seminario Conciliar de México, impartiendo clases de latín y griego, para lo que me preparé estudiando la licenciatura en Lenguas Clásicas en la Universidad Pontificia de Salamanca, España. Me siento muy contento de que en este momento haya muchos de mis discípulos ejerciendo su ministerio, como el obispo de Cuautitlán, Mons. Guillermo Ortiz Mondragón; el obispo de Ecatepec, Mons. Óscar Roberto Domínguez Cuttolenc; el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de México, Mons. Armando Colín, y el rector de la Basílica de Guadalupe, Mons. Enrique  Glennie, por mencionar algunos.
–¿Cuáles han sido los momentos más relevantes de su ministerio?
–En todos lugares he aprendido muchas cosas, en el Seminario puede ver el desarrollo de la vocación sacerdotal; en la Parroquia San Jacinto de San Ángel, donde estuve 10 años, aprendí a atender a los grupos; en Nuestra Señora del Sagrado Corazón (Votiva), donde pasé seis años, aprendí a amar el Sacramento de la Reconciliación y a adorar al Santísimo muy de cerca; en Nuestra Señora de la Resurrección, en la colonia Bosques de las Lomas, donde fui párroco 15 años, aprendí a dirigir a los Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión, y hasta la fecha, gracias a Dios, he formado y sigo formando a más de 300.
–¿Qué ha significado para usted estar en la Catedral Metropolitana, donde recibió su ordenación?
–Es una bendición de Dios que, a pesar de estar ya jubilado, el cardenal Norberto Rivera Carrera y el Deán Francisco René Espinosa aceptaron que colaborara como Arce Deán, “el segundo de abordo”, además de todo el enriquecimiento desde el punto de vista de la religiosidad popular, cultural y artística. Pero lo más importante es que sigo haciendo lo que más me gusta: celebrar la Eucaristía e impartir el Sacramento de la Reconciliación.
–Finalmente, ¿qué considera que hace falta para promover las vocaciones al sacerdocio?
–Yo creo que después de la oración no hay mejor forma de llevar jóvenes al sacerdocio que el buen ejemplo, porque si no hay buen ejemplo de parte de nosotros los sacerdotes las vocaciones no se van a multiplicar.

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
Semanario "Desde la Fe"
http://www.desdelafe.mx/
contacto@desdelafe.mx
Otros Artículos »
AVISO LEGAL: Los textos publicados en este sitio han sido, en su mayoría, elaborados por "DESDE LA FE", publicación semanal editada por la Arquidiócesis Primada de México, A.R. y coordinada por el Departamento de Comunicación Social de la Arquidiócesis de México (COSAM) titular de los derechos de autor y explotación económica. Los textos, imágenes y vídeos publicados de terceros pueden estar sujetos a restricciones establecidas por los titulares de los derechos, en estos casos, su publicación estará acompañada de la fuente. Los contenidos elaborados por "DESDE LA FE" son libres de reproducir para fines de divulgación y promoción, con la única obligación de citar como fuente de proveniencia www.desdelafe.mx. Se prohíbe cualquier uso para fines comerciales o de explotación patrimonial.