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La Perfecta inculturación del Evangelio que realiza Santa María de Guadalupe
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La Revelación que realiza Jesucristo es una y trascendente, el Evangelio es Él, único y trascendente. La Virgen de Guadalupe no realiza otra “revelación” u “otro evangelio”. Ella realiza una inculturación perfecta del único Evangelio, de la única Revelación, que es la de su Hijo único y amado, Jesucristo. Ella lo transmite, lo adapta, lo coloca en el corazón de todo ser humano de una manera perfecta. Ella es la Estrella de la primera y de la nueva evangelización. Ella toma las semillas del Verbo y las lleva a la plenitud en Él, el Salvador y Redentor. 
Si entendemos “inculturación” como el hecho de tomar las “Semillas del Verbo”, y llevarlas a la plenitud en Jesucristo, es muy distinto a “sincretismo” que junta elementos sin preocuparse si lo que se está tomando sea verdadero o no, o pretender revolver el error, la mentira y el engaño con lo bueno y verdadero; el Acontecimiento Guadalupano no es un “sincretismo”, sino una perfecta “inculturación”, pues Ella toma sólo lo bueno y verdadero que se encuentra en todo ser humano y lo desarrolla hacia la plenitud, tanto como ser humano como comunidad cultural; precisamente como lo define el Card. Paul Poupard, expresidente del Consejo Pontificio para la Cultura: “Evangelizar una cultura no significa faltarle al respeto, sino, por el contrario, testimoniarle un respeto mayor llamándola, en nombre de Cristo, a su pleno desarrollo”. 
Por ello es tan importante lo que proclama san Juan Pablo II: “Y América, que históricamente ha sido y es crisol de pueblos, ha reconocido «en el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, [...] en Santa María de Guadalupe, [...] un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada». Por eso, no sólo en el Centro y en el Sur, sino también en el Norte del Continente, la Virgen de Guadalupe es venerada como Reina de toda América.”  
Y todo esto se puede conocer cuando analizamos las fuentes principales del conocimiento del Evento Guadalupano, que son tres. 
La primera fuente es la muy importante tradición oral, cuya fuente principal es el mismo san Juan Diego, quien no se cansaba de divulgar los detalles del suceso de viva voz; como Marcos Pacheco, mestizo de más de 80 años de edad, declaró en su testimonio de 1666 que desde niño, a él y a sus hermanos, sus parientes cercanos les hablaron de que supieron del Evento gracias directamente a Juan Diego; especialmente su tía, la señora María Pacheco, se lo decía a sus sobrinos; Marcos lo informaba así: “que todo lo que lleva dicho se lo contaba a él y a sus hermanos, la dicha su tía con toda distinción, porque lo sabía de boca del dicho Juan Diego y era público en aquella ocasión en todo este Pueblo y fuera de él”.  Después de la aparición de la Virgen de Guadalupe, Juan Diego vivió cerca de 16 años en una chocita que se le hizo pegada a la ermita y ahí hacía una vida contemplativa, sin dejar de manifestar todos los detalles del maravilloso suceso. 
Por el otro lado, la segunda fuente es la misma portentosa Imagen de la Virgen de Guadalupe plasmada en la humilde tilma de Juan Diego, que es todo un códice y encierra un gran cúmulo de portentos, como su misma preservación, en un ambiente y clima húmedo y salitroso que en menos de 10 años la pudiera despedazar y, sin embargo, continúa ahí, a pesar de tantos contratiempos, accidentes e incluso atentados. La Imagen está ahí con toda su belleza y la fuerza de su mensaje. Es una verdadera carta abierta, un mensaje para todos los seres humanos, por medio de una cultura ancestral y que trasciende tiempos y espacios. 
Y finalmente, una tercera manera es por los “tiempos” o “signos de los tiempos” en donde se da el Acontecimiento Guadalupano, el hecho que haya sido en la Octava de la Inmaculada Concepción, en el tiempo litúrgico de Adviento, asimismo, desde el ángulo indígena, el hecho de que haya tenido lugar en el tiempo del solsticio de invierno de aquel año de 1531, año que era reconocido como “13 caña”, es decir, Tlahuizcalpa, que significa: “rumbo de la casa de la luz”, “algo nuevo inicia”, “un nuevo día”, “una nueva era”, “llena de la sabiduría de Dios”; además, precisamente, en el lugar en donde el ambiente maternal del Tepeyac era ya de siglos conocido. 
Y el significado todavía se hace más profundo, cuando entendemos que la Virgen de Guadalupe pidió su “templo”, su “casita sagrada”, en el “llano del Tepeyac”, que significa en la “raíz del cerro”, recordemos que las pirámides eran eso: cerros sagrados, así que el lugar en donde quiere la Virgen de Guadalupe se le edifique su “casita sagrada” es en la “raíz de lo sagrado”, es decir en lo verdadero y bien sustentado de lo divino. Pero, todavía hay más, la fecha del solsticio de invierno que en aquel año de 1531 fue el 12 de Diciembre coincide con la fiesta más importante para los indígenas, que era la llamada: Panquetzaliztli, que el fraile del siglo XVI, fray Toribio de Benavente, Motolinia, declaró que era como la “Pascua o Fiesta principal de los indígenas”.  Y esto último es como la “Piedra angular” de la perfecta inculturación que se realiza en el Acontecimiento Guadalupano, pues nada menos que en Santa María de Guadalupe, la perfecta Virgen y Madre de Dios, se manifiesta su Hijo en el tiempo de la “Pascua o Fiesta principal” indígena; Él es un Dios que sí le interesa el ser humano, pues viene a su encuentro por medio de su Madre; Jesús es el verdaderísimo Dios que se encarna, gracias al “sí” de María, y se entrega totalmente por el amor al ser humano; Él es Sacerdote y Víctima: Él es el Único y Eterno Sacrificio; Él es sacramento de vida eterna. 
Como hemos visto, son tantos los elementos que los indígenas captaron de manera inmediata, ya que todo esto les “hablaba” de la importancia y del gozo del Evento Guadalupano, una verdadera y perfecta inculturación centrada en Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. Es el verdaderísimo Dios que toma la iniciativa de encontrarse con el ser humano, por medio de Santa María de Guadalupe, dándonos la salvación y redención en su resurrección, todo por amor.
En el momento exacto del triunfo del verdadero Sol, el Sol de justicia, en la plenitud de la fiesta que los indígenas llamaban Panquetzaliztli, o “Fiesta Principal” o “Pascua indígena” era cuando se encendía el fuego nuevo y se levantaban las banderas en señal de la victoria del sacrificio realizado, que ahora es la victoria del verdadero Sol del Amor. Encarnación y Pascua Florida. Y precisamente en ese año de 1531, que los indígenas describían como “13 caña” que para ellos significaba: “algo nuevo inicia, una nueva era, una nueva vida, llena de la sabiduría de Dios”. 
Se vislumbra más esta inculturación cuando se va comprendiendo que para prepararse a esta importante fiesta de Panquetzaliztli, los indígenas realizaban las llamadas “cuaresmas” en las que se hacían tremendas penitencias, abstinencias y ayunos, no sólo de cuarenta días, sino llegaban a ser de ochenta días como lo informaba el franciscano fray Gerónimo de Mendieta: “Los indios también ayunaban y de manera rigurosísima, según sus devociones, especialmente los ministros del templo, para dar ejemplo. Se ayunaba dos, tres y hasta diez días. Tenían sus cuaresmas de 20 o 40 días; una de éstas llegaba hasta de 80 días, eran vigilias a las fiestas, la más importante era la llamada Panquetzaliztli”;  y algunos realizaban estas penitencias todo el año, y todo para celebrar Panquetzaliztli.
En  las tinieblas y la muerte de la idolatría en la que los indígenas trataban de sobrevivir, Ellos creían que para la fiesta de Panquetzaliztli, eran necesarios los sacrificios humanos, que s
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