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Custodia Monumental, tesoro espiritual de la Catedral
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·      Ha sido el tabernáculo de la Eucaristía en los momentos más importantes de la historia de México.


El próximo 5 de octubre se conmemoran 90 años de la inauguración del Primer Encuentro Eucarístico Nacional, que dejó como recuerdo la Monumental Custodia de la Catedral Metropolitana de México, que se encuentra en el Altar de los Reyes.

De acuerdo con las memorias de aquel Congreso Eucarístico, la custodia, de tipo rectangular, tiene incrustaciones de piedras preciosas y su presupuesto inicial fue de 30 mil pesos, aunque se gastó en ella más del doble. Los costos fueron solventados con generosas colectas de patrocinadores y con la aportación de los propios fieles. La custodia pesa 380 kilos, es de plata y mide más de dos metros de alto.

Según palabras del Siervo de Dios, Mons. Luis María Martínez, quien luego sería Arzobispo de México, esta custodia simboliza el corazón de la patria: “pongamos allí nuestras plegarias y nuestras esperanzas; nuestros sacrificios y lágrimas, y pongamos todo a los pies de Jesús, para que sepa el mundo que Jesús es nuestro Dios y que nosotros somos su pueblo… Jesús ama a nuestra patria y porque la ama, yo estoy cierto de que pensó en ella en el Cenáculo… sobre todo en nuestro Tepeyac”.

Cuando se bendijo esta custodia, justamente hace 90 años, se designaron a ocho padrinos extranjeros y a ocho mexicanos. Los extranjeros fueron: Enrique Bermúdez, enviado extraordinario de Chile; Federico Quintana, de Argentina; el Barón Hemri de Woelmont, de Bélgica; José Gil Delgado, Marques de Berna, de España; Lourival de Guilleret, de Brasil; Luis Felipe Angulo de Colombia; el Barón Giovanni de Giura, de Italia; Arthur Schoenfeld de Estados Unidos, y Mons. Tito Crespi, Secretario de la Delegación Apostólica. En cuanto a los padrinos de bendición nacionales, se seleccionó a uno por cada Provincia Eclesiástica.

Aquel día se entonó Veni Creator y otros himnos; hubo una procesión solemne al interior del templo y durante más de dos horas, la gente formada en triple fila pasó a venerar la Sagrada Forma.

El sermón inaugural del Congreso Eucarístico fue pronunciado en la Catedral, y corrió a cargo del entonces obispo de Anemuria, Luis G. Martínez: “Yo pienso que cuando la humanidad haya recorrido todos los senderos, se haya asomado a todos los abismos y haya sentido la desilusión de todas las cumbres, volverá sus ojos cargados de lágrimas y de esperanza al único que puede calmar su sed, al único que puede llenar sus anhelos, al Maestro que sobre el brocal del pozo de Jacob, brindaba a la Samaritana el agua que refrigera para siempre.”

Otro de los discursos relevantes fue el de san Rafael Guízar y Valencia, obispo de Veracruz, quien dijo: “…no sé dónde hayan gozado más los mártires, si derramando su sangre con Cristo y abrazados a Cristo, en la cruz, o abrazados con Cristo allá en lo alto, en el reino de los cielos. Así es como para los mártires se ha convertido, el mismo martirio de los sufrimientos y de los dolores, en un bien incomparable, en un verdadero cielo… ancho, muy ancho es el camino del infierno, el camino de la perdición, y son muchos los que van por él, y muy angosto es el camino del cielo… por desgracia, repito, se van cumpliendo en todos los tiempos esas palabras de Jesucristo y saben cuál es el secreto: que el hombre no quiere vivir… los pueblos alejados de la Eucaristía, prevengámonos para desastres mayores. Las tinieblas del error seguirán amontonándose sobre nosotros; los vicios continuarán abriendo brechas en las conciencias. Las madres verán a sus hijos prostituidos, ay de los pueblos que no se acerquen a Jesucristo Nuestro Señor en la Sagrada Eucaristía.”

La custodia monumental, creada en 1924, siempre ha estado en la Catedral de México, a excepción del año 2000, durante el Jubileo de la Encarnación, cuando con motivo del Segundo Congreso Eucarístico Nacional, salió por vez primera a la calle en solemne procesión que partió por la calle de 5 de Mayo hasta la explanada de Bellas Artes, donde el cardenal Norberto Rivera impartió la bendición a los fieles.

La custodia monumental es el más grande tesoro espiritual de la Catedral de México, porque ha sido el tabernáculo de la Eucaristía en los momentos más importantes de la historia de este país.

 

 

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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