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Crónica de una Dedicación
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Crónica de una Dedicación

P. Guillermo Gutiérrez

La isla de Sicilia es la región más al sur de la República Italiana.Se trata de una tierra rica de historia.Existen testimonios de la presencia humana desde el neolítico. Muchos pueblos se han encontrado ahí y han mezclado sus culturas, hasta dar lugar a la rica experiencia humana, cultural y religiosa que hoy la caracteriza. En muchos aspectos, su gente es similar a la nuestra. Herederos de una presencia colonial española de varios siglos, bajo los Borbón, que concluyó con el “risorgimento italiano” y la unidad de Italia en la segunda mitad del siglo XIX. Es una región con una rica religiosidad popular católica, en el que a diferencia de otras regiones de Italia las iglesias están llenas. Desde el punto de vista socio-económico su desarrollo no está al mismo nivel de la mayor parte del resto de Italia, pero cultural y religiosamente, es quizás la más rica. Muchos grandes escritores, artistas y juristas, tanto del pasado como del tiempo actual, son originarios de Sicilia.

Sicilia vive hoy una gran emergencia humanitaria. Cada día llegan cientos de inmigrantes provenientes de África y del Medio Oriente, que huyen de la pobreza y de las guerras en búsqueda de mayores oportunidades de vida en Europa. Desafiando el mediterráneo y a expensas de traficantes desalmados, llegan exhaustos y al filo de la muerte a las costas de la isla de Lampedusa y de Sicilia, personas de todas las edades: hombres, mujeres embarazadas con niños en brazos, jóvenes y adolescentes. Son recibidos con caridad por parte de los cristianos y también con humanidad por los distintos niveles del gobierno italiano. Pese a ello, muchas veces no se puede hacer más, y en ocasiones se viven tragedias y abusos...de otra parte esta emergencia humanitaria, incumbe a toda Europa y la Unión Europea debería apoyar más para enfrentarla.

Sicilia es frecuentemente testigo de tragedias, como la que ocurrió no hace mucho tiempo cuando en sus costas fueron encontrados más de trece cadáveres de personas que murieron en el intento de atravesar el mediterráneo. Por ello el Papa Francisco quizo ir a Lampedusa para orar y honrar a las numerosas víctimas de estos dramas que se vuelven permanentes, con el riesgo de habituarnos.

En este contexto tan similar al nuestro, en el que también tantas personas, tanto de nuestro país, como de otras naciones del centro y del sur de América, emigran a los Estados Unidos buscando oportunidades de vida digna, que sus países les ha negado a causa de un sistema económico que no hace, sino concentrar las riquezas en pocas manos, empobreciendo cada vez más a millones de personas. En un lugar muy cercano a donde arribaron los trece cadáveres antes mencionados, concretamente en una pequeña población ubicada en la punta más al sur de la isla llamada Donnalucata, el obispo de la Diócesis de Noto, Mons. Antonio Staglianò, quiso que el nuevo templo parroquial de San Jorge, fuera dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe, e invitó al Card. Rivera para consagrarlo. El solemne rito tuvo lugar el pasado 8 de mayo.

Hay que decir, que la Patrona del Continente Americano ya había llegado a la Diócesis a finales del siglo XIX, a través de una comunidad de hermanas mercedarias fundadas por una religiosa mexicana. Las religiosas de esta comunidad atendían una escuela al servicio de los más pobres, y, como todo mexicano, trajeron consigo una imagen de la dulce Señora del Tepeyac. Las personas más ancianas recuerdan haber rezado en su infancia frente a esa imagen de nuestra Señora de Guadalupe. Sin embargo, con el tiempo la escuela se cerró, las religiosas mexicanas se fueron y el culto a nuestra Madre de Guadalupe quedó en el olvido.

Con la llegada a la diócesis de Noto de Mons. Staglianó, hace cinco años, el culto a la Virgen de Guadalupe ha tenido nuevamente un verdadero impulso, ya que él le es sumamente devoto. La conoció siendo profesor en la Universidad Gregoriana de Roma a través de algunos alumnos sudamericanos. Su historia y espesor teológico le enamoraron y desde entonces le tomó un gran cariño. En Crotone (Calabria), su diócesis de origen, en la comunidad de Le Castella, donde ejerció de párroco, introdujo el culto a la Morenita del Tepeyac, y cuando lo eligieron obispo, quiso grabarla en su anillo episcopal, cada año procura realizar las ordenaciones de diáconos o presbíteros el 12 de diciembre. Por ello deseaba fuertemente que en Noto hubiera una Iglesia dedicada a Ella. Y la ocasión para ello se presentó con la construcción del nuevo templo parroquial de San Jorge, en Donnalucata, población que vive el drama de flujos humanos tan similares a los de México y América.

Por la tarde del 8 de mayo, el sol brillaba intensamente, resaltando el azul turquesa del mar calmo. Soplaba una suave brisa marina que atenuaba el incipiente calor del casi inicio del verano. El cardenal Rivera, revestido de sotana púrpura, fue recibido a unos diez kilómetros antes de llegar a Donnalucata, por las autoridades policiales y militares y desde ahí el coche en el que viajaba junto con el obispo fue escoltado hasta Donnalucata. A la entrada del pueblo bajo del coche y, como suele hacer siempre, comenzó a saludar y bendecir a la gran cantidad de gente de todas las edades que se congregaron ahí para recibirlo. Durante la larga procesión hasta el templo, la gente agitaba banderitas de Italia, del Vaticano y de México, mientras las campanas de los dos templos, el antiguo y el nuevo, sonaban a fiesta. Los niños del catecismo mostraban orgullosos sus carteles de bienvenida al custodio de la tilma de Juan Diego. Al llegar a la iglesia los fieles, los sacerdotes y las autoridades civiles y militares se reunieron en un gran salón del sotano. El administrador parroquial y el Obispo dirigieron entonces un discurso de bienvenida al Señor Cardenal. Él respondió resaltando la alegría que sentía de comprobar cómo se difunde el culto de nuestra Madre de Guadalupe, un poco por todas partes en el mundo.

Unos minutos más tarde, el Obispo, los sacerdotes y el Cardenal, revestidos solemnemente de las vestiduras litúrgicas, se dirigieron hasta las puertas del templo. Ahí, como pide el rito, don Norberto y el obispo llamaron tres veces a la puerta, que representa a Cristo, Redentor del hombre, y luego empujaron las dos hojas para dar paso a la procesión. Al llegar al altar, que aun estaba desnudo, el cardenal bendijo el agua y asperjó con ella las paredes y el pueblo.

Al terminar las lecturas, pronunció una hermosa homilía en la que, además de explicar el sentido de la consagración del templo, desarrolló las principales notas del acontecimiento guadalupano. Destacó cómo nuestra Madre, no destruyó la cultura precolombina, sino que la llevó a plenitud, aplicando una metodología de evangelización que san Juan Pablo II definió como “perfectamente inculturada”. Insistió en el hecho de que el objetivo central de la aparición de nuestra Señora de Guadalupe, había sido la evangelización, es decir, dar su amor-persona, Jesucristo, a los habitantes de esas nuevas tierras; prefigurando en su gloriosa imagen el mestizaje, el diálogo y la síntesis entre las dos culturas que se enfrentaban. También insistió en que la Señora quería mostrar su predilección por los últimos, sin discriminar a ninguna persona.

En su homilía don Norberto, quiso responder también a una pregunta que podía estar en las mentes de aquellos fieles ¿Por qué traer a Sicilia, donde se venera a la Virgen desde tiempos remotos, una imagen de América aparentemente tan lejana a su cultura? Resaltó que el culto a Santa María de Guadalupe, que es siempre la única Madre de Dios, que ellos ya veneran bajo la advocación de la “Madonna delle milizie”, les ayudaría a continuar su historia de fe, extendiendo sus horizontes, para enfrentar el periodo de diálogo y mestizaje cultural que están viviendo con la llegada de tantos pobres inmigrantes. Así mismo, hizo votos para que Santa María les ayude a encontrar cada vez más profundamente a Jesús, a renovar su impetu misionero y la caridad hacia los últimos, superando los vicios, la tentación de la criminalidad organizada, que es también fuerte en estas tierras, y la búsqueda desenfrenada de poder y placer.

La homilía concluyó con una bella oración a Santa María de Guadalupe, en la que el Cardenal confió a Nuestra Señoraal obispo, a los sacerdotes, a las familias y a los no nacidos, suplicándole que consolara a cuantos sufren en estas tierras. Los fieles aplaudieron largamente. El Obispo interrumpió el aplauso para dar un hermoso anuncio. El sacerdote que hasta ahora fungía como administrador parroquial se convertiría en párroco. En el decreto, el Obispo escribió que era su deseo como pastor de Noto que cuidara con especial atención la difusión del culto a Nuestra Señora de Guadalupe, a través de retiros, meditaciones, cursos, rosarios e imágenes peregrinas en las casas y que, a partir de Ella se viviera una nueva evangelización, vigorosa, comprometida con los últimos, dialogante con todos.

La ceremonia continuó con la letanía de los santos, la unción con el crisma del altar y de las doce cruces en las paredes; la colocación del incienso en el anafre sobre el altar que como una oración sacrificial se eleva desde ahí al Padre. Luego dos diáconos recorrieron con turíbulos incensando las paredes y el pueblo. Un grupo de mujeres de la comunidad secó el crisma y revistió el altar con manteles y lo adornó con flores; finalmente el cardenal encendió las velas sobre el altar y continuó la misa con el Credo.

Al terminar la ceremonia, el nuevo párroco hizo llorar a la asamblea con un hermoso discurso en el que se traslucía un enorme amor a su pueblo, a la Virgen, a la Iglesia, a su Obispo, pero sobre todo a Jesucristo y a su ministerio sacerdotal. Después de la bendición final, la gente entusiasmada y alegre, no dejaba que el Primado de México se retirara, pues muchas familias, personas individuales y grupos, le pedían hacerse fotos, él con gran paciencia satisfizo a las personas por mucho tiempo.

Como ves es verdad lo que dijo el Señor Cardenal en su homilía: “Sicilia y México, al final, no están tan lejos”.

Roma, 11 mayo 2014.

 

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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