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Tiene la Arquidiócesis de México 17 nuevos sacerdotes
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“Sean generosos y ejerzan el amor de Cristo en las comunidades que les serán confiadas”, les pidió el cardenal Rivera Carrera. 

Postrados en el suelo, en señal de humildad y de súplica, a los pies de la Virgen de Guadalupe, se encuentran los 17 diáconos que habrán de ser ordenados sacerdotes para la Arquidiócesis de México. 
Momentos antes, el cardenal Norberto Rivera Carrera les ha explicado sus obligaciones y deberes, y recordado que al ser sacerdotes, tendrán en sus manos los misterios santos, los Sacramentos, pero entre todos ellos, la Sagrada Eucaristía, que es sacrificio a imitar.

“Confío en que sabrán consumir su vida, su cuerpo y su sangre, en favor del Pueblo de Dios, del Pueblo de Cristo, por el cual Él dio su vida”, les ha dicho en su homilía, y los ha exhortado a alimentarse continuamente de la Eucaristía y darla en abundancia al pueblo”.
Frente a más de diez mil fieles que se han congregado en la Basílica de Guadalupe para presenciar la ordenación sacerdotal de estos diáconos, el Arzobispo de México también les ha recordado su papel en el sacramento de la Reconciliación.

“Que nadie que llegue a ustedes se vaya con una reprensión o con un regaño, con una impresión de que no fueron recibidos, sino que siempre sapan hacer presente el amor misericordioso, al Buen Pastor que sabe cargar a la oveja”.

Llamado peculiar
Y ahí postrados, los futuros sacerdotes escuchan al Pueblo de Dios entonar la Letanía de los Santos. Entre ellos están Francisco Javier Osorio y Carlos Eduardo Zúñiga, a quien Dios llamó al sacerdocio de una manera muy particular. 

El primero de ellos, siendo hijo de una familia de comerciantes de muebles, trabajó muchos años como abonero en la delegación Iztapalapa, donde conoció la realidad que se vive en algunos de los barrios más desfavorecidos de la capital. Carlos Eduardo, por su parte, decidió ingresar al Seminario tras haber estudiado y ejercido de manera fructífera la carrera de Derecho. 

En entrevista para Desde la fe, los ahora presbíteros describen su ordenación sacerdotal como algo inigualable y sobrenatural, y recuerdan sus años de juventud: Francisco, cuestionando todo lo relacionado con la Iglesia Católica y la actitud de algunos sacerdotes, y Carlos Eduardo, sintiéndose acompañado de una paz interior, como experiencia de Dios, que con los años lo llevó a abandonar su carrera para entregarse por completo a la vida sacerdotal. 

El P. Francisco recuerda que fue tras una plática con su madre, en la que ella le pedía que dejara de criticar a la Iglesia y que mejor hiciera algo por cambiarla, que repentinamente le vino a la mente esta pregunta: ‘¿Y si me voy de sacerdote?’ Este extraño impulso volvió a manifestarse tiempo después mientras escuchaba a un padre decir que cada año eran más los  sacerdotes que morían que los que se ordenaban. 
“Se lo comenté a mi mamá, pero me dijo que estaba loco, que no sabía nada y que además era muy grosero y alburero, como el típico muchacho de Iztapalapa. Me sugirió que tuviera mejor novia”, recuerda. 

Dos años después, Francisco le reveló a su madre que seguía sintiendo un fuerte deseo de ser sacerdote, y no hubo más opción que preparar su ingreso al Seminario, con la ayuda de su párroco y, entonces sí, de su familia.
Durante su formación, debido a una falsa acusación, Francisco estuvo durante 15 días dentro el Reclusorio Oriente, del cual salió una vez que todo se aclaró. Tiempo después, en tercero de Teología, se enamoró de una joven y dejó su formación con miras a contraer matrimonio: “Pero Dios va acomodando las cosas –dice– y cambia la perspectiva de la vida. Deserté de casarme, pues me di cuenta que el amor por mi vocación era más grande que cualquier cosa”. 

El P. Carlos, por su parte, habla ahora sobre aquel estadio de paz interior que experimentó a los 20 años tras entregarse a Dios en la oración. “Esa experiencia me marcó de tal forma que yo le di a mi profesión como abogado todo un sentido cristiano. En aquel entonces no visualizaba que pudiera asumir el camino sacerdotal, pero sí pensaba en ser un buen laico entregado a servir con ética cristiana”.
Con los años, Carlos se dio cuenta que cada vez era más el tiempo que dedicaba a estudiar el Magisterio de la Iglesia que las leyes o los códigos, hasta que en el año 2000 notó que su corazón estaba dividido, de manera que empezó a considerar la posibilidad de dedicarse por completo a Dios.

“Razonablemente me parecía una locura, hasta que dije ‘¡ya basta!’ y me di un “año sabático” en el que dejé mi trabajo y a mi novia. Me di cuenta que el proyecto matrimonial no era una cosa que me resultara más atractivo que el de entregarme al sacerdocio. Fueron los promotores vocacionales quienes me orientaron para hacer un discernimiento y emprender, a mis 45 años, el curso introductorio”.
Este sábado 18 de mayo, ambos están aquí, postrados ante la imagen de la Virgen de Guadalupe, a la espera de ser ordenados, recordando quizás las cruces y los sufrimientos inherentes y propios del camino recorrido. 

Sacerdote para el servicio
El cardenal Norberto Rivera ha impuesto ya las manos a los candidatos y pronunciado la oración consagratoria. Leopoldo Regalado Benítez, otro de los 17 diáconos, tiene claro que, a partir de ese momento, ha dejado de serlo para convertirse en sacerdote para siempre. 
Antes de ingresar al Seminario Conciliar de México, Leopoldo había estudiado Mantenimiento de computadoras, por lo que durante varios años trabajó en sistemas computacionales; también fue cajero en una tienda departamental, e incluso, se desempeñó como vendedor. 

Explica a este semanario: “Ninguno de esos trabajos me había llenado por completo en cuanto a darle un verdadero servicio a la gente. Fue cuando entré al Seminario que me di cuenta que eso era lo mío: consagrar mi vida para dar a la comunidad atención religiosa”. 
Su ministerio como diácono terminó por reforzar la convicción de que era a través del sacerdocio como podía entregar su vida por los demás.

El momento esperado
El rito de ordenación continúa en medio de una emoción contenida. Los fieles esperan el momento de poder besar las manos recién ungidas, manos que habrán de consagrar y de bendecir al Pueblo de Dios. Y así, revestido de sacerdote y de rodillas ante el Arzobispo de México, Mario Alberto Cruz Martínez, el más joven del grupo generacional San Román Adame, espera la unción con el Santo Crisma. 

“Durante 12 años había esperado ese momento; había soñado con él, pero lo que estaba viviendo superaba mi imaginación: uno imagina y sueña con el día de su ordenación, pero llegado el momento se vive otra cosa; es una vivencia totalmente real, auténtica y no tiene comparación”, explica ahora a Desde la fe. 

Hoy le viene a la mente el recuerdo de aquel tercer año de Filosofía, cuando empezó a ver que algunos amigos de la juventud habían terminado su carrera; otros se habían casado y algunos más ya trabajaban. 
“Pensé que todos se estaban realizando, menos yo; había muchos sentimientos encontrados. Viví una sequedad humana, espiritual, y consideré dejar la formación, pero un sacerdote me explicó que no todo se vive en la vida, y que mis amigos estaban viviendo ciertas cosas y yo otras diferentes. Me invitó entonces a vivir mi formación con intensidad, eso era lo que a mí me había tocado vivir. Gracias a aquellas palabras decidí continuar mi formación”. 

Todos los dones para Dios
En la recta final del rito de ordenación, se ha realizado ya la entrega a cada ordenado de la patena con pan y del cáliz con vino y un poco de agua, como ofrenda del Pueblo Santo para presentarla a Dios. El cardenal Rivera ha pedido una vez más a los nuevos sacerdotes imitar el sacrificio que conmemoran y conformar su vida con el misterio de la Cruz de Cristo. 
Entre los nuevos presbíteros está también el padre Guillermo Mendoza Rodríguez, quien está a punto de participar, junto con el Arzobispo de México y el Cabildo Metropolitano, de su primera consagración. Ante muchos fieles que esperan recibir de sus manos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, Guillermo reafirma la idea que desde sus primeros años de vida había guardado en su corazón: “Seguir a Cristo, vale la pena”. 
Su vocación sacerdotal fue un llamado que percibió desde niño. Recuerda: “No sé por qué lo sentí, simplemente la vida sacerdotal me apasionó desde que era niño, al igual que la música, otra de mis grandes pasiones”. 
Y es que, Guillermo Mendoza destacó a lo largo de su formación sacerdotal por sus capacidades para la música y el canto, pero muy por encima de su gusto por el arte, mantuvo siempre el amor a su vocación. 
“Lo entendí de la siguiente manera: la música y el canto son artes que nos llevan también a Dios, y yo, de alguna manera, quiero emplear ese don que Dios me ha regalado en beneficio de la Iglesia. La música es un arte que nos eleva por su belleza, al igual que el canto. Aquel que es la belleza infinita nos participa de esa misma belleza a través de estas artes”. 
El padre Guillermo, quien será enviado a Roma para estudiar Doctrina Social Cristiana, no duda en dirigirse a los jóvenes de la capital para pedirles que no tengan miedo en responder al llamado del Señor: “Si sienten esta vocación hay que aventurarse, responderle a Jesús es una gran aventura llena de retos, pero cargada de muchas convicciones y grandes regalos que el Señor nos da cuando nos atrevemos a seguirlo. Ser sacerdote es algo que vale la pena aun en el mundo de hoy, tan lleno de problemáticas tan diversas”. 

Y precisamente, para no claudicar en su ministerio es que el cardenal Norberto Rivera Carrera los ha llamado a permanecer siempre al lado de la Virgen María, “quien –dijo– les abrirá el camino para que la rutina de todos los días, el quehacer que muchas veces se vuelve rutinario, se convierta en vino generoso. Ustedes, junto con María, le encontrarán sentido al ministerio sacerdotal que muchas veces parece árido. Pídanle a Nuestra Señora poder recorrer el camino que Ella recorrió, y que puedan llegar ustedes también al pie de la Cruz, permanecer fieles al pie de la Cruz”.

Felicidades a nuestros nuevos sacerdotes:
P. Arturo Andréi Carreño Huerta
P. Mario Alberto Cruz Martínez
P. Carlos Jean Riquelme
P. Víctor Jiménez González
P. Giovanni López Dorantes
P. Guillermo Mendoza Rodríguez
P. Francisco Javier Osorio Osorio
P. José Luis Ramírez Rodríguez
P. Francisco Leopoldo Regalado Benítez
P. Alejandro Vargas Roldan
P. Carlos Eduardo Zúñiga Mejía Borja
P. Juan Manuel Castañón Rodríguez
P. Miguel Currás Fernández
P. José Gerardo Muratalla Hernández
P. Juan Carlos Ávila Reza
P. Johnny Shedlyn Seraphin 
P. José Alberto Palacios Argüelles

Escrito y/o Publicado por:

"Desde la Fe" Redacción
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